martes, diciembre 29, 2009

helado sabor verguenza

Para los que tienen
un destino acertivo,
y para los esperanzados.


Caminaba descalza tratando de escapar de aquella habitación sin que se dieran cuenta, el silencio del amanecer la abrazaba y la contenía, se puso los zapatos ya fuera de ella, estaba frente a la puerta de salida cuando un despertador empezó a sonar a las 6.30 AM y era como si el balde de agua fría le diese de lleno en la cara, logrando así su fin maquiavélico de dejarla en evidencia, pero sin pensarlo dos veces abrió la puerta, la cerró sin más cuidado y bajó corriendo por las escaleras desde el piso diez, no intentaba dar una explicación a sus actos, sólo quería escapar, viajar cuarenta minutos, y estar nuevamente en la tranquilidad de su hogar.
Aquella noche había sufrido una de esas penas de amor que duelen, no el que te dejen de querer, ni el que piensen que la relación no funciona. El que te traicionen con una amiga, doble traición en realidad, ella no lo soportó de buena manera, tras llorar una hora, se secó las lágrimas, se encrespó las pestañas, un poco de rímel, y salió en búsqueda de algo de beber, entre copa y copa conoció a un tipo algo también desdichado en aquel momento como ella, hubo esa complicidad inmediata que ella buscaba con ansias en dicho instante. Cuando ya entraba la noche Amanda, ya bastante ebria, aceptó la invitación de dicho desconocido para acompañarlo a su departamento, mal Amanda, mal.
Un desconocido, un mero compañero de desdicha, que anormal en mí se decía una y otra vez, se consolaba repitiéndose al menos era guapo. Su cabeza seguía hecha nudos, alimentó a su pareja de pajaritos y se duchó, se vistió de modo lento y ni siquiera quizo tomar desayuno, la pena seguía latente, y se la recordaba cada fotografía en su habitación, como terapia, decidió botarlas todas, porque no había otra alternativa.
Salió de compras, quería un poco de helado y chocolates, para inyectarse un poco de felicidad, fue al supermercado del centro, porque era un poco exquisita con los helados, y sólo le apetecían unos importados de Alemania. Estaba caminando despreocupada con su canasto al estilo Caperucita roja, cuando lo divisó doblando un pasillo, se coloró al instante, y rogaba que no la hubiese visto.
Caminó en sentido contrario dando por pérdidos los chocolates que estaban en su dirección, y se conformaría con helado, estaba decidiendo que sabor, cuando una suave mano le cubrió los ojos.
Si denante dije que la jovencita se puso roja, ahora su rostro estaba a punto de explotar, estaba muy avergonzada, y el chico no dejaba de sonreírle dulcemente. Amanda no recordaba lo dulce que era, lo cálido y confortable. Y se dio cuenta que fue más que una complicidad urgente, fue una complicidad natural, y mero destino.
Esta vez ella lo invitó a comer helado a su casa, rieron toda la tarde, y el se fue antes que oscureciera, le dio un beso en la frente y le prometió que se volverían a ver.
Mientras se preparaba una taza de té, sonó su celular, y decía "Amor", era su ex-novio, que había olvidado cambiarle el nombre o eliminarlo. Esos típicos arrepentidos que no pierden la esperanza, le rogaba que lo perdonará y que volvieran, ella sólo le dijo breve y preciso: si me quieres, olvídame.
Amanda todavía se sonrojaba pensando en todo lo alocado que sucedió en tan pocos días, pero las margaritas flotaban por su rostro, era imposible no quererlo, era la ternura, la dulzura y el experto en hacer reír en persona.
Esa mañana al despertar había un sobre amarillo en la entrada, había sido lanzado por la puerta, lo leyó en voz alta "Toma un cohete a la luna que te espero en la estación de aterrizaje", quedó desconcertada, diciendo un fuerte ¿AH? escuchó una risa maliciosa tras la puerta, y era él, venía a tomar desayuno de sorpresa, trayendo café y pastel. Ahí estaba la chica despeinada y todavía con su pijama de ovejitas, el simplemente dijo sabía que te verías dulce al despertar, pero la verdad te ves extremadamente dulce y bonita.


Un error,
a veces es un acierto,
casi siempre no lo es,
pero por el es,
ella vivía.



LAURA


miércoles, noviembre 11, 2009

Plantita plantada

Para los que tienen luz,
en los ojos

Una mañana soleada pero con un viento gélido, era el clima que le daba la bienvenida al primer día de la nueva chica en la ciudad, se instalaba en un pequeño departamento remodelado de esos históricos antiguos en pleno centro, que tenían la vista a la plazita principal que a los artistas tanto les gustaba, poco queda de aquellas tradiciones, pero aún los domingos la plaza se repleta de tableros de ajedrez, y veteranos que están dispuestos a aportar por cada partido.
La jovencita salió en búsqueda de una panadería cercana para poder tomar un desayuno tranquilo con un café en grano de los que era tan adicta, encontró una doblando la esquina, cuando se iba un tipo bien guapo, había que decirlo, le entrego una de esas míticas galletas de la fortuna, simplemente le dijo que se la llevase, pero que no diera vuelta atrás luego de comerla. Cuando se alejo unos metros, y alcanzó la esquina la abrió, decía
- "No todos los días conoces al amor de tu vida, y lo dejas abandonado en una panadería".
La chica se volvió con demasiada risa en su rostro, el se presentó y dijo que era una galleta que hizo el mismo, en caso de que conociera alguna jovencita especial que le interesase. Se presentó ante ella sacando la gorra que llevaba, se llamaba José Tomás, estudiaba Letras y decía haber encontrado a su romántica princesa hace sólo unos minutos y gozar de su presencia en dicho instante, ella se coloró y rió con tanta cursilería junta, lo que no dejaba de ser llamativo en él, le dijo que era nueva en la ciudad, lógico que se ofreció a enseñarle la ciudad y también lo que dijo era muy importante la locomoción, para poder ir hasta la punta del cerro o el fondo del mar.
Segundo día en la ciudad y ya tenía un nuevo e interesante amigo con el cual compartiría un par de paseos al menos, ese mismo día quedó de recogerla a las 17.00, se arregló y perfumó un poco más para estar guapa, pero el no llegó.
Tampoco tuvo noticias al siguiente día ni mucho menos lo vió en la panadería, aunque la tarde del tercer día sin noticias, cuando se acercaba a comprar el pan, le entregó la cajera una nota:
-"Debes ser tú, un chico dejó esta carta dijo que venía de un amigo de él, ¿te llamas Clara o no?. No se cuando me vieron cara de buzón."
- "Sí, Clara, debe ser para mi, gracias."
La jovencita se fue sin pan, que era su objetivo, bueno en realidad no, sólo era algo secundario, lo principal era ver si podía toparse a José Tomás nuevamente, lo que no consiguió, pero esto era casi tan bueno como eso, era una nota escrita con letra rápida pero dulce.
"Clara: Siento haber faltado a nuestra cita, sí nunca lo supiste pero cuando quedamos a las 17, ya estabas dentro de una cita, pero tuve algunos problemas con unas publicaciones que estoy realizando, y tuve que viajar a revisarlas a Santiago. Vuelvo pronto. Un beso, que espero no sea rechazado.
Jose Tomás"
Ese temblor que se declaró en el noticiero, no era más que el grito de júbilo de la chica después de leer la pequeña carta, no todo estaba pérdido, ni mucho menos mal ilusionado. Escuchó jazz hasta muy entrada la noche y cantó una que otra balada, mirando el calendario tratando de adivinar a cuanto equivaldría un vuelvo pronto.
La semana siguiente aprovechó de comprar algunos muebles y utensilios que faltaban en su hogar, recorrió el infinito centro a pie durante dos días enteros, y se enamoró de un pequeño café dentro de un callejón que tenía un caminito pintado hacia él, con mensajes para encantar al visitante, decidí que quería ir ahí con mi cita cuando el retornase, confiaba en que lo hiciera.
Estaba ordenando las papas en la cocina, cuando tocaron el timbre, ella abrió esperando a un cartero o vecino en búsqueda de azúcar, pero en el contrario y grata sorpresa era su caballero sin su corcel, se sacó el pelo de la cara para ordenarse, pero tenía tierra en ellas que tuvo que dejarlo en el living mientras se iba a lavar la cara, volvió con él que traía en manos un libro y un macetero, lo quedó mirando con ojos desorbitados preguntandose el significado.
- "Este es el libro que publiqué, por el cual tuve que interrumpir nuestra cita, y este macetero es para que me disculpes por dejarte plantada, al menos te puedes cambiar a este que es más bonito, y asícrecerás mas fuerte"
Ella simplemente rió y rió, era lo que ella esperaba siempre, un detalle justo para una alegría siempre, definitivamente el sabía como hacerla reír, y de seguro como hacerla feliz.

Descorchó una botella de vino y se sentaron en el piso del living al lado de la mesa de centro, el le contó un poco de que trataba su libro, lo suficiente para dejarla ansiosa, pero poco para no matarle la novedad, a su vez ella enunció los múltiples lugares que conoció recorriendo en soledad la ciudad, pero no quizo nombrar el cafecito aquel, quería igual que el, no matarle la novedad. Él quedó de presentarle unos amigos que tenía que iban en la misma universidad en que ella comenzaba su perfeccionamiento en poco tiempo.
Se iba temprano para no hacer un reencuentro tan extenuante, antes de irse la abrazo y la hizo dar vueltas por la habitación, diciendole cuan feliz estaba de volver a verla.
Se vieron el sábado entero, y el domingo por la tarde, se juntaron en la plaza en la banca que quedaba justo frente a correos.
- "Esta vez déjame a mi enseñarte un lugar", dijo Clara.
El joven lo miro estupefacto pero gratamente asombrado, ella claro, la llevo al cafecito, ese que tenía mensajes, lo que no había dicho antes, es que los mensajes los escriben los mismos transeuntes, ella lo encamino hasta dos metros antes de la entrada, tapó su cabeza con el pedazo de muralla que quería que leyera, y se movió diciendo
- "Lee aquí"
"Te extraño Caballero sin corcel.
Princesa romántica"
¿Acto seguido?, tomó su cara entre sus manos, la miro fijamente a los ojos, le sonrió y la besó.

Todo lo que necesitaban era un papel, un lápiz, una panadería y una beca de perfección.


Una sonrisa, una caricia y una carcajada en común,
morirán cuando deba,
cuando el caballero marche en su corcel,
o la princesa simplemente más no quiera.

Pronóstico para hoy y mañana: amor variando a amor.



Laura

sábado, septiembre 26, 2009

Y mi hada?

Para mí


Tengo dos ideas en la cabeza, la primera e inmediata es escribir un texto para desahogarme y la segunda y mediata es tornar todo lo malo en bueno, todo lo negro en blanco, y cambiar así todo lo que no resulta como yo espero o más bien deseo.
Fue un día que yo no conozco, ni lo noté en el que comencé a creer que las hadas existían, que no debía hacer más nada que esperar su presencia y mis anhelos se volvería una realidad tangible abandonando la imaginación que era el único lugar donde están, y por inocencia, se quedaron allí.
Con motivo de aquello he decidido que buscaré una estrella fugaz, o me convertiré en astronauta para ir tras ella, pero conseguiré que todo se vuelva verdad, que esa escalera al cielo no sea subida más que a punta de cansancio y agobio. Intentaré seguir siendo la misma mientras trabaje en lograr el objetivo, no prometo nada, sólo que tocaré el cielo y luego me quedaré descansando en una nube para no bajar más, estaré tranquila, con la compañía de un poco de algodón blanco, o un sol cálido, pero ya no volveré, de seguro seré otra, o más bien, mejoraré o fortaleceré, aunque eso implique cerrar muchas de mis expresiones o sentidos.
Miraré a cada uno de los que quiero, he intentaré cuidarlos en la distancia, al menos con el pensamiento, pero no os preocupies por mi ausencia o mi lejanía, yo estaré mejor que nunca, si vos me querías visitar deberás plantas frijoles mágicos, no tendré castillo, pero si alguna casita limpia y ordenada, y sobretodo acogedora.


Hoy me dormiré pensando que llego a la nube,
con la ilusión de mi hada.



jueves, agosto 20, 2009

La no princesa

Para recordar los años viejos,
una historia no publicada de aquellos mismos.



Supónme en un cuento, pero no intentes que sea aquella protagonista de vestido rosa, cabellos dorados y unos grandes ojos celestes. La que te lo perdone todo, y te ame en canciones, haga sus días para ti, y viva rondeandote. La que sólo guarde sonrisas y no tristezas, la que carezca de problemas y lágrimas en los ojos.
Soy tal fabricada de sangre, con ideas, recuerdos y proyectos, intentando cargar con el mundo en una mano, en la otra tratando de disfrutar el día. De poder olvidar que ayer perdí mi sonrisa en una esquina, pensando que hoy tu la recuperaste. Mientras yo no era tu princesa , tu creías ser mi príncipe por un momento, dejando tu corazón por mi.
No trates de idealizarte dije que te adoraría la eternidad, que tus defectos son mis retos, y tus virtudes mis anhelos. No quiero tu perfección, quiero nuestro acoplamiento, el encajamiento exacto de la mezcla de nuestras personalidades y aspiraciones, vamos a dar la vuelta al mundo en sólo dos días, con un papel y un lápiz, será fácil, si todo resulta fácil cuando estamos ambos.
No te preocupes de caer, te acompañaré allá abajo y allá arriba, eh compañero, tu tranquilo, que a mi lado, no te podré salvar de ladrones, ni rescatar de un dragón, pero prometo cuidar tu corazón, y darte un beso de despertar cada mañana y prepararte tostadas.

Eh compañero,
tú que vas,
pero nunca vienes.



Laura

sábado, agosto 15, 2009

Tormenta

Para los desafortunados,
y afortunados




La lluvia no había partido, sólo se había refugiado del frío para volver cuando este se fuese, y el cielo no estuviese estrellado, aunque así fuese, de mis zapatillas no se iba todavía, seguían empapadas por esa caminata bajo su tormento y esos charcos invisibles a la oscuridad de la noche que me fueron detectados al tacto de mis calcetines, me quedé mirando la ventana, mirando la calle principal esperando como cualquier soñador verte caminar aquellas cuadras, extenderte en un saludo y yo correr a tu abrazo cálido, pero sólo transitaban automóviles, uno que otro taxi, y un romántico joven con un ramo de astromelias con rosas blancas para quien yo supuse era su enamorada, la sonrisa la tenía impresa desde el pelo hasta la punta de los pies, y yo miré las flores secas en el florero lila que aguardaban en la salita, son cosas circunstanciales, ya llegará mamá con flores nuevas pensé.

Busqué la última carta que me habías escrito desde la lejanía de tu ciudad, desde después que terminó la paz y comenzó la guerra, cuando yo me repetía todos los días que no escribías por estar alejado de comunicaciones o en alguna trinchera vigilando, no habían más teorías, de hecho era lo que esperábamos en este cuerpo los dos, yo, pues, y el pequeño, que no te dije que existía para no evitar tu partida, que era lo que más querías hacer, yo no era quien para tomar tus alas y bajarlas del cielo, sólo te rogué que volvieras, lo hice infinita cantidad de veces, pero ya han pasado dos años de aquella carta, la guerra acabo hace seis meses, y yo no tengo noticias tuyas, aún, todos esperan lo peor, pero yo guardo la esperanza en una cajita, y en esos ojos que miran a punto de caminar y alcanzar mis brazos en un intento suicida que el tamboleo de sus pasos le impide.
La semana siguiente fui internada por algo parecido a la histeria, vi a mi bebé alejarse de mi y quedar al cuidado de mi madre, pero la vida así ya no tiene sentido, y esta etapa no pasará por nada, a menos claro.
Ella robó un cuchillo de la sala de enfermería, tomo un poco de gasa para envolverlo y camuflarlo de las miradas invasoras de sus compañeros, se fue al cuarto de baño, se sentó en un pisito helado que ahí se encontraba, desenvolvió aquel cuchillo, sin sacar la vista de la puerta de entrada que tenía trancada con los pestillos escondidos que tenía, limpió su brazo con dedos temblorosos, con el corazón latiendo más fuerte de lo normal, se miró al espejo por última vez, tenía la pena en los ojos, y unas ojeras que mostraban la ausencia anhelada, una lágrima cayó de cada ojo, luego, hundió el cuchillo sobre sus venas, desde la mano hasta el codo, porque había escuchado que esos eran los cortes de muerte inmediata.
Aquel día había vuelto, sí, él, su incomunicación dejo de existir, y con heridas en el cuerpo volvía después de haber estado inconsciente, fue prontamente a buscarla y sacarla de esa lugar, porque él era el único que podía volverla al presente y a la tranquilidad, la única medicina.
Ella escuchó la voz, su voz, desde el cuarto de bañó salió sangrando de él, pero por suerte no fue suficientemente fuerte para hacerlo profundo, y sobretodo para que no doliera un abrazo muy apretado.
Era la medicina que no crean en laboratorios, era su mano tomando la mía o mejor ambos tomando la mano de una mezcla de ambos, ver el mundo de otro color, nuevamente y jamás perder la esperanza de que los tamboleos terminan.

Después de la tormenta,
siempre viene la calma.



Laura

miércoles, julio 29, 2009

Más que un sedante.

Los personajes no son míos, pertenecen a Stephanie meyer, yo sólo los utilizo para tener algo más que leer, cuando los libros se hacen cortos.


Al parecer,

soy Isabella.


Mi nombre es Isabella Swan, pero me gusta más que me apoden Bella, mi familia, Charlie y Reneé, que están separados ahora claro, se originó al sur del mundo, en un país llamado Chile, mis padres ambos iban de vacaciones, Reneé gustaba de lugar atípicos, y Charlie se había ganado un boleto en un sorteo de televisión, en esas dos semanas de vacaciones fueron fulminados por el amor, y entre dos cordilleras nací yo, más bien mi embrión. Luego de nacer vivimos cerca de dos años en Phoenix hasta que mis padres se separaron y Charlie volvio a su antigua vivienda en Forks, claro está que me quedé con mi madre, hasta que ella quizo reacer su vida, y yo con veinte años me fui a vivir con mi padre, a terminar el instituto, sí, tengo veintiuno y estoy en mi último curso, al parecer repetí cuando niña porque ya ni lo recuerdo, quizás fue traumante. El penúltimo año lo realicé en Forks, el último mi padre dijo que merecía mejor eduación y nos trasladamos a Portland, es una lástima porque aún extraño a algunos de mis compañeros, es como sentir un vacío, al parecer todavía los quiero demasiado.
Era otro de los días en que me pasaba mirando mi carnet de identidad, viendo esos veintiun años inscritos en él, y no podía recordar que años repetí de curso, quizás me lo borraron con electroshock, pero tuve una de esas decisiones precipitadas, tomé mi camioneta y me dirigí rumbo a Forks, era día de instituto así que vería a mis viejos amigos, y quizás encontraba tranquilidad para esta angustia que sentía, fue raro, el instituto seguía igual, sólo habían cambiado el color de la fachada, pero, la señora Cope había cambiado de oficina, la busqué hasta encontrarla, y le pregunté en que clase estaban mis amigos Mike Newton y Jess Stanley, me dejó con la duda, se puso nerviosa y me dijo que andaban en un viaje de excursión todo el curso y no volvían en un par de semanas, me dejó triste la noticia que mi viaje no había servido de nada, como cambio de panorama tomé la camioneta y quise ir a visitar mi viejo hogar en Forks, estaba deshabitado, entre por la puerta de atrás, y sentí el olor a polvo que había dejado nuestra partida, subí a mi habitación, con la gran ventana cerrada con un candado para evitar ser abierta, encontré la llave en una mesita que dejamos y la abrí, el fuerte viento las abrió de par en par, haciendo estremecer los vidrios en ellas e hizo sonar unas tablas sueltas al final del dormitorio, me acerqué a ellas con cautela, y noté algo brillante que se asomaba, las levanté y encontré un disco escondido ahí, decía feliz cumpleaños dieciocho, aunque no recordaba haber tenido amigos en Phoenix, lo tomé y lo llevé media estremecida a la camioneta, lo puse en el reproductor, no, ¡No! , no podía ser posible, me sentí mareada, tuve un choque de imágenes, y unos recuerdos en una vieja habitación oscura, unos médicos inyectandome sedantes, y mi padre mirando con pena, yo tratando de salir corriendo y unas cuerdas atrapando mis brazos, claro.., ahora todo misterio parecía esclarecerse, no había repetido de curso, había estado internada, eso fueron mis años recientes, que no recordaba, pero por qué , por qué fui encerrada si yo no hacía mal al mundo, saqué la canción en piano que tenía el reproductor, el disco estaba firmado, acerqué mi vista y decía Edward Cullen, mi mundo se vino abajo, pude observar la puerta empolvada volver abrirse, mi corazón estirándose hasta soltar los ganchos que lo afirmaban, sentí mi rostro volver a mojarse, y esa angustia ahora tenía razón, y tenía fuente, que era el abandono.

Había estado enamorada el primer año de mi llega a Forks, enamorada de él, de Edward, que era.. si ahora está todo claro, era un vampiro, pero como siempre hacen los príncipes en los cuentos reales, se van por una mejor princesa, eso me dijo que pasaba la última vez que lo vi en el prado.

Dejé la camioneta y partí llorando, corrí por el bosque sin saber a donde ir, sólo corrí, corrí, y me caí varias veces, grité hasta que mi voz ya parecía agotada de tanto deshago, lloré hasta que mis lágrimas se confundieron con la lluvia y el charco bajo mis pies me empapaba las botas. Volví a casa cuando ya casi anochecía, le mentí a Charlie que estaba en casa de una de mis amigas del instituto, que no tenía por cierto, entre en mi cama con tempranía, y quedé mirando por la ventana, ahora tenía sentido el Volvo plateado que aparcaba a dos cuadras de mi casa todas las noches y yo lo veía desde mi ventana, era él, tenía que ser él, arranqué por la ventana, afirmándome torpemente de un árbol que daba a ella, estaba caminando hacia el auto cuando comenzó a moverse, se iba, quería olvidarme denuevo, pero yo no lo dejaría, me crucé en su camino, frenó bruscamente, y de él salió, pero me estremecí, no, el no era Edward, era más bien un joven que yo no conocía, me dijo que su nombre era Peter, que no le preguntara nada porque nada sabía, sólo lo enviaban a vigilarme unos tipos rudos y con dientes filudos, fue cuando utilicé lo último de imaginación que me quedaba, me subí a su coche y le dije que era tan ruda y con dientes tan filudos como ellos, si no me dejaba en el lugar donde le pagaban, entonces lo mataría. El tipo se estremeció de veras, tomo la curva a 70 km/h, pasaron cinco minutos y estabamos en la puerta de la apartada casa de los Cullen, mi cuerpo se congeló, y mis nervios se tensaron, era todo lo que quería, pero la idea de verlo con otra mujer me estremecía, tomé valor y golpeé la puerta.
Luego de unos segundos, estaba ahí, la puerta se abrió, era él, me pasé tres años en una celda acolchada sólo pensando en el ensoñado día que lo volvería a ver, para decirle cuanto lo amaba y que lucharía por él, pero estaba ahí impavida, sin poder gestar una palabra, cuando escuché unos pasos de tacón caminar a la entrada, no, era ella, su prometida de seguro, contuve el aliento que me volvió cuando un Hola danzante me saludó, era Alice, me abrazo y yo le pude devolver sutilmente el abrazo, luego volví a mirarlo a él, que tampoco se movia, hice solamente lo que esperaba, lo abracé tan fuerte como pudiese, sabiendo que el no sentiría mi fuerza, en aquel momento sentí su brazo apretando mi espalda, estuvimos sentados cerca de media hora sin decir palabra, yo estaba quieta y pasmada igual que él, hasta que pronuncio unas palabras.
- Pero cómo, cuando despertaste de la fantasía.
Cuanto dolor me produjo eso, él era otro más cómplice que no quería que despertara
- Viajé a forks .
Vi como se horrorizaba su expresión,
- Fui al instituto, como no ví a nadie, que ahora entiendo, ya salieron del instituto hace mucho tiempo, viajé a mi antigua casa.
Demoró un poco pero tomo mi mano, cuanto anhelaba ese contacto frío,
- Subí a mi habitación y luego de un rato encontré una tabla suelta que contenía un disco que me había regalado para mi cumpleaños.
Ví como sus ojos volvían el tiempo y se llenaban de recuerdos,
- Fue una melodía mágica sabes, me trajo todo lo que había olvidado, pero al menos ahora sé cual es la fuente de mi angustía
- ¿Cúal es ? preguntó Edward, con un poco de inocencia.
- ¿Cúal más? ¿A caso no sabes que he sufrido por tu abandono todos estos años?
- Era lo mejor para ti
- Si supieras lo que es mejor para mí, estarías tomado de mi mano aún pero con el fervor del amor, y yo sería tu compañera eterna.
- Bella, no empieces, tu vida ahora irá bien, y podrás tener una linda familia.
- Si estoy aquí es porque ya se que quiero para mi vida, siempre lo supe, ¿ Es qué no notas que la herida que estaba enganchada a mi corazón se soltó, que ahora está abierto, y es sólo tu cercanía la que me hace tranquilizarme y ser feliz ?.
- Bella, yo.. yo no puedo, aunque quisiera.. yo amo a otra.
Cerré mis puños en aquel instante, fortalecí mis ojos, y me forcé a no llorar, pero claro ahí estaba mi lado débil, botando lágrimas, tratando de esquivar su mirada, y soltando su mano que me quemaba el corazón en aquel momento. Quería irme, pero ni siquiera para esos tenía fuerza.
- Ya basta Edward! , interrumpió Alice.
- No Alice, no. Replicó Edward
- Amiga, Bella, Edward no ama a nadie más que a ti, sigue pensando que el es un mal camino para ti, pero yo sé lo que tu sientes, y se que esto debe acabar.
Sentí mi corazón palpitar de esperanza, miré a los ojos de Edward y no vi más que odio.
- Edward, dime que no me amas y yo me marcho de ti, tienes la última palabra.
- No quiero hacerte sufrir, lo sabes, pero también espero que sepas que nunca, nunca deje de amarte, que todavía tiemblo a tu lado y que no hay nada que pueda cambiar eso.
Terminó la frase con ternura y yo tome ambas manos de él, me acerqué lentamente y cellé todo con un beso, ese beso que me devolvió la vida.
Luego subimos a su cuarto para tener un poco más de intimidad de los ojos que nos inspeccionaban, tratamos de ponernos al día de lo que había acontecido y de las deudas de soledad que nos teníamos
- Quiero que me prometas algo.
- ¿ Qué ?
- Que no te volverás a ir, nunca, jamás.
- Voy a hacer algo mejor.
Se volteo y abrió un cajón de un estante al fondo del dormitorio, volvió un poco tembloroso.
- Srta Isabella Swan quisiera usted casarse con este noble caballero
Creo que fueron demasiadas emociones por un día, creo que estaba al borde del desmayo, cuando simplemente hablé con voz baja.
- Sí, pero llámame Isabella Cullen.
Tomó con una mano mi cintura, me acerco a él, y con la otra viajaba a través de mi labios, noté su impaciencia, su dolor y su cautela, hasta que me aburrió, y yo tomé su cara entre mis manos y lo besé, de un impulsó me lanzó a la cama, mientras me besaba con cautela, una de sus manos recorría mi cuerpo desde mis hombros hasta mis rodillas. Caí dormida cuando ya amanecía. Y ya no me preocupaba por Charlie, al fin ahora era feliz.





continuará...



Laura .

sábado, julio 18, 2009

nuova vita

Para todos,
porque al fi
nal,
todos esperamos lo mismo.

De pronto intentas cerrar los ojos, crear que no ha pasado nada, y el espejo sólo te confunde con las lágrimas que te muestra corriendo por tu rostro. Quizá será porque ya esta viejo, o porque definitivamente conoce cada una de tus expresiones, con cada sentimiento. Quien te exige raciocinio no es más que el que ni siquiera el se comprende o entiende, el que poco se escucha, y que de reflexión carece, el estúpido sentado en la banca sin siquiera mirar el paisaje, que concentra su vista el las líneas de las baldosas, y no se preocupa de entender la vida o a si mismo. Ya estaba yo vieja cuando me encontré con un viejo conocido de juventud, el de seguro no me recordaría, y yo poco más que su nombre sabía, sorpresa me causo cuando me detuvo, me pregunto que tal estaba, y que había pasado con mi vida con tantos años sin verme. Creí en aquel preciso instante que mi vida ya no tenía sentido, que los proyectos estaban escasos, y no más vivía de recuerdos, cuando ocurre eso, es cuando verdaderamente comienzas a morir. Solté la pequeña bolsa vacía que llevaba para traer unas verduras del mercado, partí a un instituto, en que enseñaban a tejer, pintar y bordar, cosas ya de vieja, pero actividades que podía realizar bastante bien, me inscribí en los tres, y decidí en aquel preciso instante ser la mejor de todas. Era mi meta personal, y lo único que quizás me devolvería la vitalidad. Compré una torta pequeña para celebrar la cercanía de mi cumpleaños, era la favorita de mi marido, milhojas amor, era la clásica milhojas pero con un toque de frambuesa que nos deleitaba al paladar tanto a él como a mi. Cuando ya volvía a casa las gotitas comenzaron a mojar mi cabellera ya casi completamente blanca, para mi suerte mi marido me había visto venir por la ventana, y salió a buscarme con un paraguas, y tomo la mano que llevaba vacía, era como caminar por los charcos cuando aun eramos jóvenes, y podíamos saltar sobre ellos y salir ilesos de tal acto . Hoy me conformo con mirarlo, con que sonriamos juntos, o a veces leamos el mismo libro, que el me recite esos poemas de cincuenta años atrás, que me parecían tan cursi en aquella época de noviazgo pero que ahora me parecían lo más acertado, o para ser sincera lo más romántico. Sequé la cabellera antes de que enfermara, porque he de decir que ya a esta edad las defensas son más bajas. Mi marido claramente es un gran cocinero, así que el tenía listo el almuerzo, y que no adivinan, hizo su especialidad, tallarines con salsa, es gracioso, es lo único que cocina, pero le quedan mejor que a mí, quizá es por eso, se especializa hasta con la forma de la hoja de laurel que le añade. De postre los sorprendí con la torta que adora y le conté las buenas nuevas, el dijo que me acompañaría a pintura, y que me iría a buscar cada tarde, para dar una vueltecita en el parque luego. Era lo único que esperaba de la vida, un cómplice, fiel y eterno.

Llenaremos la laguna de peces,
el jardín de árboles frutales,
y nuestros corazones con amor infinito.


Laura.

lunes, julio 13, 2009

Monólogo gélido.

Al que fue amor,
y así dejó de serlo.



El hielo del clima por las noches, me toma la mano y acaricia mi rostro, es cuando necesito tu abrazo rodeando mi cintura, y tus ojos clavados en mi mirada, sin pedir más que un sólo beso.
Romperé tres frascos, y la caja que contiene nuestras cartas, las quemaré para dejar los recuerdos, y vivir los días, para sólo confortarme con la sonrisa del mañana, y de las largas caminatas de cada tarde, intentaré bosquejar en las nubes lo que en la tierra no tiene cabida, que es el amor entre los dos.
Recorreré una tierra no fértil, y haré surgir rosales en mi pasar, forjaré las sonrisas cuando tus lágrimas inunden tu rostro, y seré el brazo que te apoyará en cada caída.
De seguro llegará el día en que nuestros caminos se separen, para ese día no tengo calendario, y no pretendo fecharlo, simplemente espero que aun no sea, para conquistarte mientras pueda, y así ofrecerte una dulce compañía, y una tibia charla que te convenza de quedarte a mi lado por la eternidad, a comprar las verduras por la mañana, y caminar hasta la escuela que eduque a nuestra descendencia. Haremos un pacto, de esos que no se trizan ni menos se rompen, será como dejarlo colgando de una estrella, siempre visible, y jamás alcanzable para no hacerlo desaparecer.
Llegará el día en que tenga un jardín, y corte las flores cada domingo, para visitar tu lecho de muerte, contarte que tal están tus hijos, a veces llevarte la compañía de uno de ellos, y además hablarte de mi vida, o lo que queda de ella sin ti.

Sin embargo, me fuerzas a romper el sueño, y es ahora cuando fuerzas a crear mi jardín, dejarte flores sin compañía, y no tener charlas tibias, sino monólogos que me hagan recordarte en cada estrella en la cual colgué una promesa que nunca te conté.

Hoy intentaré tomar el otro camino, el de renacer como cualquier fénix, teniendo una parte de mi corazón no tu muerte, sino tu vida.


Laura

viernes, junio 26, 2009

Pares huellas

Para los cómplices,
y para los que quieren uno.


Era un sábado por la mañana, ella salió a dar una vuelta por las calles céntricas, compró unas calcetas, unas cremas que ya se le acababan, y unos pañuelos para su cuello que amo con locura cuando los observó, doblando en la última esquina se topo con Tomás, lo sorprendió comprando una rosa azul, le tapó los ojos para causarle sorpresa, pero más no respondió y se dio vuelta un poco asustado, colorado se puso al verla, él la invitó a tomar un café, él era un enamorado del arte, artista como profesión de su corazón, pero en vías de Arquitecto como empleo, de igual forma era feliz, la chica se ponía nerviosa cada vez que el la miraba demasiado rato directo a los ojos, es que era él, el tipo que le hacía sentir mariposas hasta en la punta de los dedos.
Se disculpó, desconociendo el motivo, pues no quería que lo viese comprandola, porque quería fingir que el la había plantado y luego cortado para ella, pero aquella rosa azul era para la chica. Digamos que estaban en proceso de conquista, se conocían hace un poco más de seis meses, y luego de tanta plática, ambos había comenzado una conexión romántica, pero que ninguno conocía, la cual debían mostrar antes de que uno de aquellos se arrepintiese.
Tomás la encaminó hasta su casa, eso fue lo que prometió, pero a final de cuentas la dejo frente a la puerta de ella, caminaban mientras el sol se escondía entre las olas de aquel mar agitado por el viento iracundo, él era un romántico empedernido, y ella una dulce chica, que sólo quería que el le diese la mano. Le entregó una carta cuando se despidió de ella, le dijo que la leyese diez minutos después que ya se hayan despedido, obviamente Aurora cerró la puerta tras de si y se sentó en un sillón a leerla de inmediato, era un poco díficil describir lo que en aquellas líneas él quería hacerla entender. Era demasiado sensible, pero lo suficiente para saber que todo no marchaba bien en la vida de la chica, sabía que tu corazón aún estaba dolido, que sus penas las recordaba todos los días, y su confianza había sido arrebata por alguna lluvia que aun no la traía de vuelta, últimamente sólo habían días nublados. Le prometió tres cosas, quererla hasta la luna, protegerla siempre y saber ser su cómplice, y no su todo, para lograr un equilibrio pleno.
Romperemos los años y el destino, quemaremos la hoguera que construía cada uno de nuestros futuros, y forjaremos ni mucho más ni mucho menos que nuestros sueños más imaginados, y más recientes, basta sólo con tomar tú mano, para saber que el mundo se reduce, y que no soy menos fuerte que cualquier arma creada para la destrucción, ni mucho más que el que está a mi lado y necesita ser escuchado. Estaré cuando quieras, y no estaré cuando lo necesites, seremos dos, así tendremos espacio, ese espacio a veces arrebatado por las relaciones absorventes, el cual no será nuestro caso, recorreremos parques, correremos por calles de charcos, y secaré cada una de tus lágrimas, te daré una palabra de aliento por cada una, para que jamás las vuelvas a tener, creo que he decidido bien, que el transcurso de los días pasa rápido porque cada día me vuelo mirando el cielo y pensando en todo esto, en figurar con las nubes algo parecido a un par de alas, que me hagan llegar al sol, para luego saltar a la luna, y compartir algo de algodón.
Miraré los barcos cada anochecer, para luego subirme al que presente el recorrido más sorprendente, y me haga aprender un poquito más del mundo, al que sepa obtener risas, y algo más que me haga conversar hasta que las velas no ardan.

Ella salió corriendo, dobló la esquina, pero él ya no estaba, volvió con pasó lento, cuando lo vió sentado en la entrada de su casa, el le dijo que ya no lo aguantaba y le preguntó que le parecía, ella sólo lo beso, en la calle codo a codo, somos mucho más que dos.


Lo especial,
se encuentra bajo la roca pérdida.

Que quizá,
nunca aparezca.


Laura

martes, junio 16, 2009

Movilidad

Para ti,
mi singular amiga,
es hora de abrir tus ojos.


Depende de ti ser feliz, eso es lo que dicen siempre, el problema es que tu felicidad es dependiente del entorno, y el problema es cuando queda en manos de miserables que no te miran a los ojos mientras te apuñalan por la espalda, de esta forma tienes que aprender a caer y parar, reparar en que fue una lucha más, de los cientos que vendrán, que tus pies se cansarán de recorrer el mismo camino siempre, porque hay alguien que se encarga de desviarte e intenta perderte, mantente firme mirando el sol, no cierres los ojos, míralo hasta que simplemente el no te deje verlo porque te encandile, rompé rompé, ese misticismo que trae consigo la vida.
Ella se llamaba Ámparo, estaba cerca de cumplir los veinte más un años, el problema es que siempre que había jugado por un tipo, este tipo habia resultado demasiado dañino, o demasiado basura, lo cual le había hecho fabricarse una sillita, esperando que llegara al que ella denominaba historicamente, como su príncipe.
Siempre resulta díficil lidear con el pensamiento ajeno, y más a ella, era un asunto de suma preocupación que la hacía doblegarse intentando olvidarlo por un buen rato, jamás creyó que el que llegaría de verás sería un principito, algo más corto en edad que ella, pero una brecha algo díficil de afrontar, resultó que aquel sujeto, era más valiente, mas caballero y más dulce, que cualquiera de los señores que presentan su misma edad o algo mayor, más experiencias pero no más perfección.

El se llamaba Gáspar, era un tipo vivaz y alegre, preocupado por excelencia, y lo más importante la quería hacer feliz, quería respetar sus espacios, y más aun alejarse cuando la multitud lo pidiese de forma inconsciente por las meras normas conductuales, el buscaba una, y sólo una cosa, su sonrisa, pero a su lado, espera que la la muchachita esta se decida por fin, entregue sus fichas y no se quede deambulando luego en lo que pudo ser y no fue.

Es mejor vivir de errores que de inquietudes, es algo que aprendes con el tiempo, aunque nunca se termina de aprender, quizás el oleaje es demasiado débil, y el sonido del mar no penetra en sus oídos, pero todos le dicen ve a la chica de la chaqueta mora, vive y adquiere historias, da lo mejor de ti, y si no resulta, pues tienes que estar tranquila que tu pusiste tu corazón en la mesa, y fuiste sincera.

Hay una línea débil que separa la tranquilidad de amar, y esa misma la inmóvilidad de la movilidad.

Preocupate por ti, y no por los demás, que las multitudes olvidan todo, menos el penal pérdido por Caszely (claro).






Laura,
Lau para los amigos.

viernes, junio 05, 2009

Dós décadas

No es autobiografía,
ni mucho menos una subida de ego,
es simplemente una gota de tinta,
de ese tintero que llamo mi vida.






Ella caminó veinte leguas, vio el clima cambiar y el sol esconderse para ponerse un pijamas blanco, lo volvió a ver cuando ya lo había dejado doblado en un cajón, observó dos estrellas fugaces caer y pidió deseos en vano, sabiendo que sólo era una superstición, llevaba una pequeña mochila, en la cual tuvo que ir dejando colgar sus pertenencias por cada posible amarra, mojó sus pies en tantas lluvias, pero supo secarlos a tiempo, antes de enfermar, porque simplemente no había quien cuidase de ella, de pequeña se paraba frente a los letreros de los negocios, esos triangulares que lucian a fuera de estos, los miraba fingiendo leerlos, porque aun no sabía pero quería aparentarlo, veía jóvenes mayores o ya adultos caer por su juego de piezas en aquel tablero de ocho por ocho, cubrió su cabellera con un gorro sus ojos con unos lentes, y pocas , pero algunas veces sacó su cabeza y notó que los demás todavía no llegaban, lo que bosquejaban sonrisas infinitas, pasó por cambios, dió saltos importantes, dejo de ser despreocupada, a tornarse meláncolica y reflexiva, comenzó a pensar tan rápido historias buenísimas que el papel no era suficiente para absorverlas como tan rápido escurrían por su mente los tejidos de oraciones, aunque lo logró, un día frío de invierno al fin encontró la fórmula, tuvo miedo a un gran cambio, a un alejamiento nada de progresivo e intenso, pero contuvo su pena en aquel hombrecito dos años mayor que ella en edad, que juraba ser su bebé, pero que la hacía sentir en casa, vió el éxito tocar su puerta, el télefono sonar dos días entero anunciando buenas nuevas, y el objetivo idealizado por dos años cumplido, se enfrentó con miedo a lo nuevo, y resultó, cayó en la confusión y salió de ella, aunque costara un año, luego se sintió segura, el problema fue cuando dejó de preocuparse de lo importante, y por primera vez cayó de verás, ganó un poco más de fortaleza y de visión de las nimiedades, miró el mar tranquilamente y supo que estaba inmóvil y nada valia la pena, sucedió, sus errores estudiantiles la llevaron a tal, pero todo saldrá bien, sigue siendo una buena persona, o es lo que intenta. Al menos tiene buenos amigos, unos dedos que le permiten desahogarse en historias, y una aspiración de aire fresco interminable.




Seguiré siendo la princesa de siempre aún con viente años,
o los que vengan.




Bárbara

sábado, mayo 23, 2009

Miradas pérdidas

A los presos,
de miradas furtivas



Ella vivía en la misma calle hace mas de cinco años, y siempre se topaba con un chico de ojos verdes antes de irse al trabajo, al parecer vivía cerca, ella lo quedaba mirando hasta que se subía a su auto, lo mismo hacía él, pero más que eso no pasaba entre ambos, al parecer el chico tenía una novia, siempre se veían los viernes por la noche, salían a cenar y luego veían una película, entre otras cosas, algo le hacía pensar a la chica que era bastante especial, quizás lo era su mirada dulce, o un extraño aire familiar que le provocaba.
Todo marchaba en una perfecta indiferencia, hasta que llego un día lluvioso, el auto de Emilia parecía estar averiado, ella se disponía a cruzar la calle para ir en busca de un autobús, cuando pasó él en su móvil, pero no, no la llevó en el, lo que sucedió fue que la dejo empapada al pasar sobre un charco muy cercano a los dos. Creo que los ojos tiernos de Emilia se llenaron de una furia indescriptible, y los verdes de Gaspar de un perdón indiscutible, se detuvo al instante, secó su cara con su chaqueta, y puso un paraguas sobre su cabeza, entró a la casa de la chica para poder disculparse mejor, ella había pasado su enojo, ya que al fin el había traspaso la pequeña línea que separaba su living de la vereda, le ofreció un café, se seco el cabello mientras, hasta que el insistió en llevarla al trabajo, sorpresivamente trabajaban casi en los extremos de la ciudad opuestos, encaminaron con prisa ya que ambos ya iban demasiado atrasados, y la charla no se la llevo mas que comentarios de la reciente situación.
Llegó algo desastrada al trabajo, algo apurada, y con el botón de su blusa abierto, aquel botón que la dejaba con un escote provocador que notó cuando sus compañeros la miraban con cara de babosos, lástima que ninguno valiera la pena, se cerró hasta el último botón y los miro con expresión de niña buena, esa mañana y tarde se hicieron un poco largas, lo bueno es que su oficina tenía un ventanal grande que le permitía ver la magnificencia de dichas gotitas de lluvia, ese sonido espléndido que la hacía transportarse a un clima de relajo cada diez minutos .
Ya eran las siete, al fin se marchaba después de aquel día atroz, pensaba en tomar una rica sopa al llegar a su hogar y dormirse temprano viendo una película.
Cuando se aprestaba a abrir su paraguas alguien puso uno sobre su cabellera, era él, Gaspar, con un ramo de rosas en la mano, y una invitación a cenar en la boca. Juró y rejuró que estaba en un libro de cuentos, creyó que no era más que su imaginación cuando cayó en la cuenta de que el estaba ahí de carne y hueso dándole la sonrisa más dulce de su vida. El restaurante estaba algo abarrotado por lo cual dejaron el auto bastante lejos, caminaron dos cuadras con la lluvia golpeando sus zapatos, fue una conversación grata, una química incomparable, y un brillo místico en cada par de ojos, le contó que su hermana lo visitaba cada viernes, y salían a compartir un rato como en los viejos tiempos, al final Emilia escucho algo que deseaba pero se negaba a creer dicha posibilidad, a fin de cuentas podía quererlo con tranquilidad, salieron bastante tarde, pocas mesas quedaban ocupadas, el abrió su paraguas y la tomo de la mano, cuando llegaba una cuadra recogió una margarita, bajo su paraguas y la beso. Sí, quizás fue rápido, pero llevaban cinco años de miras furtivas, en las que por miedo u orgullo no habían cruzado palabra, pero en cuentas, eran cinco años de conocerse.

Ella quería creer que todo seguiría bien, que la luna seguiría menguante, y la lluvia dándole en la cara, pero sabía que de un segundo a otro todo puede variar, así que decidió sentir el momento y lo besó.

Seguirá corriendo el viento,
o dejará de hacerlo,

pero todo seguirá igual,
ya verás





Laura


martes, mayo 19, 2009

La gran pandemia

Para los que miran el sol :
guiñenle un ojo



Fue el tiempo, y fue el lugar, fue lo que necesitaba para volver a darme cuenta de la gran cantidad de pequeñeces que tiene la vida, de que fortaleza tengo, y madurez tambien, fue cuando noté que los problemas, los dramas y las penas, no son mas que una parte en tu vida, un grano que te dará más historias que contar y más fuerza que ganar, sucede que notas cuando el brillo del sol es tan importante como nada, es cuando aprendes a oír, a observar y a mirar, cuando realmente, ves, cuando por fin entiendes que no te debes llenar de amargura ni rencores, más bien sonreirle a cada día, a cada problema, y todo se verá más fácil y práctico, cuando caes en la cuenta de la rapidez con que gira el mundo, que muchas veces se adelanta a nuestro ritmo (posedge), y solamente te queda un papel marcado, otro más, es cuando abrazas a tu hijo, para verlo la semana que viene, pero simplemente esa semana nunca llega, y tienes que abrir los ojos, y entender que ese abrazo no tan apretado ni tan cariñoso fue el último, por esto y por mucho más, despidete con un abrazo apretado, diciendo un te quiero, seguido de un un beso lindo en la mejilla, como todos dicen, vive cada día como si fuera el último, y vive cada pena como si fuera algo más de historia, sonríele al sol cuando sus rayos te despierten por la mañana, o a la luna cuando te deje un ratito para descansar y soñar por la noche.
Sé tú, supera cada obstáculo, y conoce gente nueva, has cosas distintas, y sal a caminar ciudades, que los territorios se conquistan a pie, y las historias las tejen las pisadas. Escribe una autobiografía, recuerda detallar tus caídas, y mucho más la forma en que te levantaste.
Recuerda que todos tenemos algo, único y especial, algunos no tienen cuento, pero poco les preocupa, para los que estamos en el territorio terrestre, y que observamos un futuro venidero, sé quien quieras ser, pero se bueno, no robes, no engañes ni traiciones, crea lazos irrompibles, regala sonrisas en habitaciones llenas de lágrimas, quizás un abrazo y una de ellas puedan hacer que crees una pandemia de tales.
Rompe tu esquema, supera tus dramas, y sólo déjalos correr, no hagas estallar tu cabeza, simplemente se feliz y entiende que todos queremos serlo, y no siempre a tu manera.

Todo está bien,
todo está casiperfecto. ت




Bárbara

martes, mayo 12, 2009

pasos largos

Para los que desearon viajar,
o fueron forzados



En un instante perdí aquella sustancia amarilla que tenía entre mis manos, llamada felicidad, en otro instante perdí la sonrisa bosquejable e
n pinturas de artistas en alguna esquina de las infaltables calles recorridas, en un tercer instante caminé lento y débil, pero siempre mirando el cielo, sabiendo que todo lo sucedido era lo mejor que podía pasar para mí, y mi tranquilidad, sabiendo que escapé del laberinto que con tantas trampas, rocas y puertas falsas sólo me hacian caminar entre una espesa neblina, quizá en algún momento pasado desee volver, mas si lo pienso dos veces, extrañaré los riachuelos y las bancas al lado de las cascadas pero eso no es suficiente contra las abruptas pendientes y los acantilados resbaladizos.
Hoy tomaré una pasaje a Saturno, que me lleve de esta luna falsa, tendré que caminar veinte kilómetros antes de llegar a mi destino, pero sabré terminarlos, y en aquel transcurso recuperar todo lo que perdí o me arrebataron, comenzaré nuevamente a cubrir mi corazón de hierro, y ser menos sentimental, entregar mucho menos, olvidar las dulces sonrisas a regalar.
Y pensar que un día, quise hacer una cajita, que conteniese cien corazones dibujados por mi, y con mi puño y letra escribir un mensaje distinto para alegrarte cien días.
Sería recomendable que la fabricase para mi, quizas de un momento a otro puede ser una gran idea, y de otro al siguiente, ya me encuentre lejos de aqui.
Voy a cambiar, para no ser la misma de antes, lo prometo.




Laura

lunes, mayo 11, 2009

ingenuidad

Para las demasiado crédulas




Dicen que nunca sabes demasiado ni nunca te falta mucho por saber de la vida, hoy por hoy, sólo sé que fui bastante estúpida, que quise negar mi intuición y seguir un juego que me quemó un poco mas que la punta de los dedos, seguir esa idea ilógica e irracional, y creer por un segundo que seria especial y dulce.
Es bastante extraño cuando tu corazón queda esparcido en trozos por una habitación, en la cual circula un viento iracundo y las ventanas se encuentran abiertas.
Parece que me hubiese comido un limón creyendo que era una naranja inofensiva, estoy botando las lágrimas del olvido y pasando a la hoja en la que ya no estarás, quemaré aquel marcador que llevaba tu nombre y contenía tu historia, la dejaré pérdida dentro del otro montón ya viejo, y no creas ni por un instante que caeré, no creas por ni un instante que la fortaleza no me alcanzará, tan sólo desapareceré un buen rato de la luna, me iré a algún planeta lejano, o una constelación no descubierta, sólo romperé la rutina, y cambiaré el presente y futuro, y ese maldito pasado egoísta, en el cual no callaste, lo borraré, intentaré fingir que nada nunca ocurrió, y no fue mas que una película pirata comprada en una feria libre.
Tan solo botare la pulsera, esa igual a la mia que usaba desde hace unos dias y te entregaria, esas que significaban una conexión que a fin de cuentas, nunca existio. Estoy en la duda de conservar la mía, quizás sea bueno recordarlo, para continuar el olvido, y no observarlo de una manera dulce.


Las risas invadirán denuevo mi espacio,
hoy no,
pero mañana si.



Laura

lunes, mayo 04, 2009

ultima caminata

Para las situaciones amargas,
e inesperadas

Eran las veintiuno con treinta de un jueves cualquiera de julio, estaba presente esa suave neblina que entumece hasta los huesos, y la luna simplemente se encontraba acurrucada por las nubes, en una callecita oscura de la ciudad, en aquella donde el farol prendía cuando quería, se cerraba la puerta de una academia de baile, y salían de ella un conjunto singular de bailarinas, entre las cuales se encontraba Amanda.
Amanda estaba por cumplir los veinte y tres años, llevaba mas de quince de estos dedicados a la danza, ese día, como todos, encaminaba a su hogar, debía pasar al almacén de la vuelta a comprar alimentos que faltaban en su despensa, cuando vio una sombra de reojo tras de si, era bastante miedosa por lo cual su caminar se volvió bastante mas rápido, y su temperatura, bastante mas helada, estaba a pasos de la tienda cuando vio unas cadenas que envolvían su frontis, un duelo la mantenía cerrada por un par de días, lo cual hizo sonar su estomago de hambre, continuo caminando cuando unas gotitas empezaron a mojar su cabellera, para su suerte, en su bolso mantenía un paraguas para tales ocasiones, pero , lastima que no todo es perfecto, y el paraguas estaba roto, y se negaba a proteger a la joven, quizás le tenia miedo a la lluvia. Continuaba su caminata, cuando sintió un paso fuerte explosionar en un charco de agua cercano, era la misma sensación de hace unos minutos, esa presencia extraña, ese aroma inexplicable y esa tensión en su cabeza que no se borraba por mas que cambiase su pensamiento, o creía cambiarlo, rompió el silencio con una llamada a un viejo amigo, mientras marcaba sintió que debía estar mas atenta que nunca, que las pocas clases de defensa personal le podrían servir de algo en las tres cuadras solitarias que le quedaban por recorrer, sus manos estaban mojadas, y por su cara corría una lluvia mas helada que la normal, noto nuevamente los pasos pero esta vez mas cerca, acelero su caminar, pero alguien comenzó a correr, decidió enfrentarse y voltear, cuando volteo, no vio mas que una calle vacía, y unos sumideros juntando aguas, pero seguía ahí, de pronto el viento se volvió mas intenso, la lluvia mas rápida , y los goterones mas fuertes, llevaba una gorra que las corrientes le arrebataron, y le obligaron a retroceder, corrió cerca de media cuadra, se agacho para tomarla, cuando sintió ese paso fuerte y húmedo a su lado, sintió su corazón acelerarse y su cuerpo volverse frio, miro , pero nuevamente no vio nada.

Tomo su bolso, miro el cielo, y corrió salpicando agua por todas las cuadras que faltaban hasta su departamentito, con unas manos moradas por la acumulación de ese líquido frío entre sus dedos, forzó la cerradura que siempre permanecía apretada, era un departamento viejo, por lo cual las tablas sonaban ante cualquier presencia, encendió las luces del pasillo, dejo su bolso y bebió un vaso de agua, caminaba a su dormitorio a buscar un secador de pelo, cuando observo una pequeña lámpara encendida en su habitación, y unos pasos intermitentes que le asustaban en demasía, era su madre, con unas de esas expresiones amargas, todo se daba por entendido con esa mirada, y notó que aquel viaje era el último en compañía de su padre.





Laura

martes, abril 28, 2009

Ser y estar

Para mi el nuevo desafío,
y para quien le falta creer


Podría sentarme un día entero a mirar el sol, o más bien medio día, necesitaría una botella de agua y una barra de chocolate, sería útil para salir del acertijo en el cual estoy viviendo ultimamente, salir de la duda entre ser o el estar, y comenzar a hacer en vez de pensar, tocaré una armónica intentando destruir el silencio causado por el mar y la arena, ese ruido místico que presentan esas aguas azuladas, que por una extraña razón me transportan al destino que siempre quiero, pero el que nunca logro ver, varias veces cierro los ojos, viajo a un país con pajarillos y cascadas, tres veces me he topado con un arcoiris, se supone que ellos te llevan al anhelo de tu corazón, mas siempre llego al mismo punto, lo que refleja simplemente que necesito conocerme o conocer un poco más, que salir al abordaje necesita mucho más que conocer mi traje, necesito por sobretodo conocer el traje enemigo.

Romperé un hielo, lo haré correr por mi rostro, y sentiré el frío del dolor, trataré de minimizar tu partida, haciendome creer por cinco minutos que hay algo peor y más preocupante. Pero aún así estoy tranquila, y calmada,puedo todavía tapar el sol con un dedo, y llevarme la luna en un papel, el reflejo en mis ojos, y el sonido del mar en mi oído, la gente será transcurriendo, y los caminos recorridos por viajeros, el cajero seguirá entregando dinero, y la cajera coqueteandole al gerente, tiraré los sueños en un frasco, cerrarla con fuerza y arrojarla al mar.

Hoy conversé con mi abuelo, el me dijo que escogiese el camino que escogiese, me esforzara por ser siempre la mejor, por romper el mito y por cumplir los sueños, que si dejo de soñar en algún minuto, mire atrás y trate de encontrar la confianza que perdí, que de esperanzas vive el mundo, la idea es tejer un mar, caminar sobre él, y créerme tal inmortal.

Creo, que aunque tu no estés, yo si estoy, y más firme que cualquier árbol de edad mediana, a demás siempre lo estaré, siempre estaré presente, y gritaré cuando deba hacerlo, lloraré cuando ya no lo resista, y seré sincera cuando tu menos lo esperes, y cuando lo esperes.

Estoy tratando de volverme inmortal, de crecer un poco, lástima que el proceso tome más de una vida, pero quizás, logro darme cuenta que tan importante no es.




Laura.


domingo, abril 26, 2009

simplemente una página

Para nadie


No marcas ni un principio ni un fin, ni si quiera un época, ni mucho menos un estilo, simplemente marcas una página, que dejaré atrás, podré aún así tapar el sol con un dedo, y llevarme la luna en un papel, el reflejo en mis ojos, y el sonido del mar en mi oído, la gente será transcurriendo, y los caminos recorridos por viajeros, el cajero seguirá entregando dinero, y la cajera coqueteandole al gerente, vamos a tirar los sueños en un olla, cerrarla con fuerza y arrojarla al mar.
Seguiré mirando al cielo, escribiendo historias que hagan peldaños de imaginación a los lectores, y mucho mejores que la anteriores, espero.
Tejeré un mar y lo pondré sobre mis pies, para creerme tal inmortal que puede caminar sobre las aguas, haré un cuchillo de goma que clavaré en mis venas, para creeme tal insensible.

Todo estará bien en el castillo, con el vestido cereza cada martes, y uno por definir el resto de los días.


Cantaran pájaros o en su defecto las aves
Correrán los caballos o en su defecto las vacas
Sonreiré o en su defecto cambiaré.



Laura


lunes, abril 20, 2009

Táctica y Estrategia.

No acostumbro a incluír en mi blog textos que no me pertenecen, pero acá va un poema, que en pocas palabras me mata y me revive.

Para ti,
aunque no lo sepas,
ni lo quieras

Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.


Mario Benedetti


domingo, abril 19, 2009

Antes de dormirte

Para todos los que no darán un paso en falso,
porque ya saben que la respuesta es contraria



Había bebido unas copas cuando me senté al lado de uno de mis libros de hojas de ronéo a escribir con la pluma que me habían regalado hace poco, simplemente sentía un poco el aire fresco, y trataba de volver a mi conciencia, tras pensar y pensar cuanto te extrañaba, cuanto deseaba tenerte a mi lado, tan sólo para mirarte un rato, o para cruzar una palabra, maldito sentimiento que me ha prendido a mi, y no a ti, maldita idea o quimera que me ilusiona y me hace caer en rebotes en la acera, he de decir que bien no me encuentro, que escucho canciones románticas, y me creo participe de ellas, que imagino la noche de tu mano, y las largas caminatas de tu cintura, con tu respiración en mi oido, y tus labios en los míos, tu mirada dulce, observandome y no perdiendome jamás, soñaré por un momento que me duermo, y en aquel sueño idílico estarás tú, y me abrazarás para no soltarme jamás, creo que pido lo que se le pide a un genio, forzarte a sentir no quiero, pero soñar que lo sientes, lo deseo, no se cuando fue el momento, ni el instante en que empecé a morir por ti, como decía la canción.
Acompañame, no pasara nada malo, simplemente quiero hacerte feliz, acompañarte cuando tengas penas, y tambien cuando tengas una nueva aventura o un territorio que conocer.
Dejame besarte cuando despiertes, y antes de dormirte, déjame quererte un poquito, simplemente no pido nada, más que no rompas el pacto, ni me des la espalda cuando quiera estar a tu lado.

No es tan complicado lo que pido, ¿O sí ?



Laura

martes, marzo 31, 2009

huésped de la luna

Para los soñadores,
que se fuerzan a caer en paracaídas



Vamos a correr por una callecita angosta, tocar los timbres de las casas, y seguir de tu mano la adrenalina del viento, estacionarnos doblando la esquina, que me mires un ratito a los ojos y me des un beso en la frente, seguido de un te quiero.
Que mi vestido blanco con rosa lo mueva el viento, que mi rosa quede marchita despues de una larga jornada de risas caminando por el parque abrazados. Que me cantes una canción al oído, y viaje en un arcoiris, donde el destino sea tu corazón, te regalaré una estrella, una cada noche, para que cuando mires al cielo, te acuerdes un largo ratico de mi, miraré la luna esperando ver tus ojos, miraré los espejos, esperando ver tu reflejo, miraré mis manos imáginando que la tomas con fuerza y ternura.
Te miraré y directo y te diré te quiero, en algún sueño químerico, en el cual sólo seamos tú y yo, y no conserve mi desdicha, cúpido me haya regalado una flecha, y ahora estés aquí a mi lado observando como te escribo en un papel arrugado.
Que el papel se transforme en avión, y nos deje cerca de las nubes, para tomar el caminito al sol, para dormir en la noche con la luna como huesped.
Creemos un nuevo planeta, con forma de corazón, que no hayan puntas que lo rompan, ni maldades que lo tricen.
Lástima que sólo hay una calle pedregosa, que ya es de noche, la neblina es gélida, y el aroma huele a soledad, que en mi mano llevo una pequeña libreta, y en la otra una margarita que encontré cortada.
Que mis labios están morados de frío, y los tuyos en otra parte rojos de amor, pero por otra.





Laura

sábado, marzo 28, 2009

Pan con margarina

Para los pequeños,
para que no boten una lágrimas más



La pequeña llora, no es porque no le compartieron canicas, o se le cayó el dulce, llora porque su mamá la abandonó para siempre, no fue premeditado, fue sin pensarlo ni soñarlo, fue accidental, ella tiene tres años, pero la mentalidad de una de diez, tuvo que saber crecer para aprender entender que ahora ella ordenaba su hogar, y haría su cama, su almuerzo se remediaba en una pan con margarina, y su hermana mayor trabajaba para que ella pudiese comer, claro que para doce años, no estás preparada para ser madre, y enseñarle como ser valiente en esta fauna extraterrestre, salvada y endemoniada, pero no había más solución, la de doce paso a tener veinte, a vender drogas a rato, no lo hacía por ser fácil, lo hacía porque más no sabía, lo realizaba para poder comprar el kilo de pan, y llevarle a ratos un caramelo a su pequeña hermanita.
Antes la visitaban tías y amigas de su madre, ahora que saben que estan solas, y que podrían ser una carga emocional y física para ellas, ya no lo hacen, cuando necesitan a alguien, sólo tienen una fotografía de su madre.
Pero la pequeñita se quiere ir con mamá, en el jardín sólo dibuja rostros tristes, hogares sin colores, y una fotografía familiar fantasma, a veces está sucia, a veces está enferma, a veces está hambrienta, su hermana de doce no puede suplir todas las necesidades, intenta ser buena, pero simplemente no puede, pero ella ya eligió, y partirán a un centro para niños huérfanos, se separarán, pero sabe que más remedio no queda, y más futuro no les espera.






Amanda.

sábado, marzo 07, 2009

La cuerda

Para los que se enamoraron en una esquina,
y tuvieron que olvidar en la siguiente


Caminaba a paso lento por una de las cuadras frente a una plazita pequeña, iba algo distraída, tenía que comprar unos libros y nada más. De un momento a otro empecé a escuchar unas melodías la voz delicada de una cantante de blue, provenía de un café antiguo, que se escondía en aquellas calles angostas, seguí la música hasta llegar a la dirección de la cual provenía, entre y pedí un café, era agradable beberlo de esa manera, saqué un libro de las estanterías cuando de reojo mire el escenario, mis ojos se fijaron directo en el tipo de la izquierda, era como si mi sueño de hombre estuviese sentado ahí esperando que yo lo desease y recordase cada amanecer. Era de esos viriles, intelectuales y decididos, a demas claro de guapísimos, sonreje como un tomate remaduro cuando miraba al público y se fijo en mi, la chica que no dejaba de observarlo con esa cara de boba, volví a mi lectura, me bebí el café antes que terminara la canción, y partí.
Ya había pasado un buen rato de distracciones y debía ir rápido a comprar esos libros para volver a casa a recibir a unos amigos, para mi mala suerte, estaban agotados, hace diez minutos habian vendido la ultima copia, quizas era algo de equilibrio y me faltaba una carga de la buena. Me retire apresurada con las manos vacias.
Llegue a casa y comence a preparar la cena para mis tres invitados, unos amigos que son pareja, y un amigo de ellos que no conocía en lo absoluto. Creo que la carne quedo exquisita, y el aroma le daba un toque especial.
Busqué en mi armario un vestido rosa que me encantaba y lo encontraba la mezcla perfecta entre sensualidad y elegancia. Quizas el tipo era agradable, lo suficiente para mi.
Resultado : Una cena perfecta, un vino perfecto, y un nuevo amigo gay.
Adios a mis imaginaciones románticas y a mis anhelados paseos en góndola por Venecia, pero mi amigo se convirtió en un confiable confidente. Era un viernes por la tarde cuando me invitó a tomar un café, casualidad, era el mismo de la última vez, pero esta vez no había música, o eso creía yo, Javier se paro de la mesa, quería presentarme a su hermano mayor, y ese hermano, era él.

Eres tú el que logra que mis ojos brillen hasta el resplandor.

"En un café, se vieron por casualidad
cansados en el alma de tanto andar "




Laura.

viernes, enero 30, 2009

sangre cristalina

Para quien losufrió,
sufre,
o sufrirá


Pasaron cinco días, y tres noches, pasaron amaneceres y atardeceres, pero tú seguías ahí, y yo seguía acá, pero con el corazón en una mano, y en la otra secando los sollozos de un desamor, pues he de decir que lo que más me gusta de ti no es ni tu forma de caminar, de hablar ni de vestir, no es tu sonrisa, sino que es tu forma de mirar, aquella que me da el toque de seguridad nesario para perderme en vos. Aquella, en la que sólo vos poder hacer renacer mis alegrías, he de darme cuenta de lo dependiente que estoy, de que un tiempo a esta parte, me volví más callada, quizá introspectiva, tratando de engañar a mi corazón, repitiendole que no eras más que un amigo o que se yo. Pero ni siquiera lo soy, y no planteo serlo, para ser más exacta, sueño tus labios en mi cabilaciones.
Sería la mujer más feliz del mundo si pudiese caminar de tu mano cinco minutos, que tu olvidases todo luego, pero que yo tuviese el recuerdo eterno.
Ni siquiera sueño que me ames, porque lo reitero que es casi imposible, que tu amor le pertenece a otra, y yo no soy nadie para terminarlo, simplemente quiero que no pases por mi vida, sin antes decirte lo mucho que anhelo tu ojos en los míos, sin decirte que sumar tiempo no es sumar amor y que la eternidad no es para siempre.

He de marchar, pero como la noble caballera con la espada en el bolsillo, presa de la derrota que no me dejar
á ni a sol ni a sombra, la que no acercará esos metros que distancian nuestros brazos cada día, la derrota que no aguantará mis caidas, y no perdonará mis lamentos, pero no lo dudes que llevare la espalda y el rostro erguidos, aunque lleno de una sangre cristalina, que la llaman desamor.


Laura

lunes, diciembre 29, 2008

La ventana

Para quien sufrió
el tener que mirar dos veces


Podría llover toda una semana, podrían desaparecer todas las estrellas y no cambiarían en nada las situaciones, porque basta saber que estás junto a mi, que puedo mirarte de reojo, o estás sentado en la banca fuera de casa, para notar cuan feliz estoy , y cuan feliz seré. Recuerdo que aquella noche estaba un poco impaciente, al día siguiente cumpliamos un año de relación, lo que más me contentaba era que seguía amándote, parece que a demás enfermé, porque me dieron dos inyecciones para mejorar, me fui a dormir a la habitación de siempre, sentía tu respiración a mi lado, y tu mano acariciando mi rostro.
Comencé a sentirme decaida pero deseaba mirar por la ventana ver el claro óceano que siempre mirábamos tomados de la mano despues que ibas a dejarme a casa luego de una caminata nocturna.
Somos la dupla perfecta, los amigos inseparables y los enamorados empedernidos, los que nacieron para formular una historia de cuentos.
Seguía inquieta al despertar, seguía sin verlo, quizás demoraría en llegar, tuvo que realizar algún trámite, o no encontró mis flores favoritas, los tulipanes amarillos.
Mamá se me acerco junto con mi hermana menor, traía flores, tulipanes , decía que mi novio no podría venir hoy, que había tenido que trabajar arduamente, con lo cual asentí con paciencia y mucha pena. Pero algo raro ocurría dentro de mi, era como si esto ya hubiese pasado, llegué a mi habitación a guardar el tulipan en un escondite que se me ocurrio en aquel momento, y encontré otros treinta escondidos igual, algo funcionaba mal, derrepente miré mi habitación y noté la ausencia de mis fotografías de niña, miré por la ventana y reparé en que no era mas que un cuadro, fue cuando abrí los ojos y me di cuenta que la que estaba mal era yo.
Entre los tulipanes encontré una carta, hecha por mi puño y letra antes de enfermar, decía que los médicos y mamá comentaban que estaba en proceso de enloquecer, y había un sólo motivo, él, quien regalaba mi sonrisas, y otorgaba mi equilibrio, había muerto.
Luego de enterarme de dicha información, partí al cuarto de enfermería, tomé suficientes medicinas para intoxicarme,las guardé en mi mano, apreté el puño, pero me las arrebataron, las enfermera me miró a los ojos y me pidió que estuvise tranquila, tengo una sensación extraña, como si todo, ya hubiese ocurrido alguna vez.


Laura

martes, diciembre 09, 2008

La inclinación de la roca

Para la fé,
que partió sin aviso


Estaba en la ventana, simplemente mirando el cielo, con una copa de vino, y un cigarro en la mano, y sucedió, vi la estrella que nadie ve durante el día, la que nadie observa porque sólo la ignoran, fue la esparenza a que dicha luz aun no se apagaba, y que dicho querer aun era sostenido por la punta de un iceberg en proceso de congelación. Fue cuando me miré al espejo y el humo del cigarrillo nubló mi reflejo, dejé de estar cuando debía estar más presente que nunca, deje de existir cuando la fé se me escapó dentro de un globo directo al cielo, pero esperaba que la atraparan las nubes y en alguna lluvia volviese a mi, como quien sueña con peter pan, creí que todavía existirian constelaciones por descubrir, iluso, ilusa o que se yo.
Fue cuando ví el mundo real, cuando noté que no era nadie más que un ser, con la sonrisa pérdida, y los ojos envidriados, cuando fijé mi vista dentro de mi corazón, cuando se produjo el quiebre, y la energía se agotó, cuando la pena inundó el pequeño bote, y los baldes eran insuficientes, cuando la naranja perdió el color y se transformó en gris porque todos la olvidaron. Fue cuando cayó y no supo como levantar, cuando quedó herido y dudó en poder seguir, pasado, ¿o presente?, incógnita mayor.
Creí ver el mundo en mi mano, fue cuando se rompió y noté que no conservaba un sólo pedazo, fue cuando me minimize y el gran gigante azul se transformó en el consumidor de sueños y anhelos.
La verdad es que los pensamientos escaparon de órbita, la concentración se volvió turbia, la voluntad se guardó un cajón en el que se perdió la llave, y el miedo toma mi mano, la valentía está encarcelada por la agonía.
Las frases de ánimo que queden mejor en los textos, y las sonrisas las guarden para tarjetas de navidad.


Procesamiento de vida.
Que digan lo quieran, poco vale.


Laura

sábado, agosto 23, 2008

La huída

Para ti, que el destino te obligo
a soltarle la mano
pero que tarde o temprano
renaciste.


Estaba para que mas congelada, si era aquel día de invierno a la siete en punto de la mañana, te esperaba en aquella plaza solitaria para tomar el rumbo que planificamos por seis meses, estaba con la maleta en el banco, con las gafas de sol y el pañuelo en la cabeza, puesto que comenzaban a caer unas gotitas que amenaban con traer un torrente de ellas. Te esperé cinco minutos, y cogiste mi mano y caminamos, eran ocho cuadras hasta la estación de trenes, nos escapabamos ni siquiera sabiamos bien de que, pero queríamos estar sólos de una buena vez.
Compramos dos boletos de ida, sin pensar en el regreso, mientras la señorita por la ventanilla nos insistía la oferta, que no sabía ella que nosotros viajabamos sin rumbo, has de callar mujer, que los planes lo fabrican estrategas, no vendedoras de boletos. Nos fuimos a un lugar que no diré por cuidad de ambos, el viaje duró cinco horas lo suficiente para que no nos encontrasen en menos de un año, arrendamos una habitación fingiendo ser estudiantes, cambiamos nuestros nombres y apellidos.
Teñimos nuestros cabellos e intentamos nos vestir como los de antes, para no ser reconocidos por alguien que leía el periodico barato, al único en el que podían adceder a poner un aviso de búsqueda. Comenzamos a trabajar porque el dinero se nos acababa, yo era mesera de un restorant no muy fino, donde a veces los clientes querían sobrepasarse, ahi aprendí a dar buenas cachetadas, pero tambien ahí conocí a un tipo que me robó mas de dos sonrisas, lo que fue suficiente para preocuparme, esa noche llegué a la habitación y lo miré a los ojos, pidiendo perdón sin decirlo porque por unos momentos pensé en que quizás el tipo de la cafetería me pudiese gustar. Pero el siguió insistiendo, iba todos los días a la misma hora, y el cuarto día, cuando yo retiraba su cuenta, dejó una margarita en el receptaculo junto con el dinero y se fue.
Esa noche no lo pude mirar a los ojos, era mi amor escapista, y no lo podía dejar ni cambiar, teniamos el destino juntos, planeado y efectuado. Me lavaba los dientes cuando me cogiste el rostro con las dos manos, sos lo más lindo que tengo me dijiste, nuestro amor no tendrá fin como todo lo tiene, yo te quiero y tú a mi, con eso me basta para existir. Seguí lavandome los dientes y escupí tan fuerte intentando sacarme al tipo de la cafetería de mi corazón.
Ese día cambio el destino, porque mi escapista no volvió, tampoco a la otra noche, había tenido un accidente, lo descubrí cuando recorrí hospitales, estaba grave, e inconsciente, le dije al doctor que sólo estabamos de paso, puesto que había derecho que muriera junto a sus padres, le dije cual era su dirección de siempre, por que el médico lo dijo, el moriría en un día o dos. Aquella noche me quedé contigo antes que llegaran tus padres porque no podría veros, yo era escapista amor, tu dijiste escaparíamos juntos y no volveríamos antes de que no pudiesemos evitarlo. Te compré dos rosas, una blanca y otra roja, la blanca porque nuestro amor siempre fue fiel, y la roja por la fuerza que nos mantuvo unidos los mas maravillosos días.
Volví a mi trabajo en la cafetería, con los ojos hinchados de tantas lágrimas, y me mudé a una habitación más pequeña, puesto que ahora sólo vivía yo, tenía una foto tuya en mi cuarto que miraba todos los días y la conversaba de lo que ocurría , no sabía que quería así que comencé a estudiar idiomas por las mañanas, y trabajaba en la cafetería de tarde, el tipo que me rondaba en ella ya no pasaba nunca.
Según la profesora era muy buena, y si lo era sufieciente podría quedarme trabajando allí ,el curso duraba dos años, así que sería el tiempo en el que podría tener una vida ordenada y estable.
Pero ese día llovía cántaros, tanto como lo hizo luego de que dejamos nuestra ciudad natal, la diferencia era que aquel día no se notaba, porque iba cogida de tu mano, y así sólo veía nubes. Lloro siempre que te veo en aquel recuadro cuando llego a la habitación y entre lágrimas estudio las lecciones.
Y fue, un sábado por la mañana, realicé horas extras porque necesitaba un libro para mis estudios, y pues llegó, llevaba una cabellera al viento, de color castaña, no me había fijado pero tenía unos dulces ojos miel, y me miraban y no dejaban de hacerlo, me incomodaban tanto que decidí ir donde él, y decirle pues que se traía, cuando me decía que sólo miraba el brasalete que traía en la muñeca, cuando vió mi cara de espasmo se hecho a reír, no, no, sólo veo tu sonrisa, es que sabes me alegra siempre los días, me dijo que había poca gente, que me sentase a beber un café con él, estudiaba letras y escribía libros con publicaciones anuales, y me regaló uno que había publicado recientemente, y luego, como siempre, se fue.
Tomé el libro y lo guardé en mi bolso, esa tarde me senté en la cama a leerlo, y creo, si es que no soy muy egolatra, que se refería a mi, puesto que su dedicatoria decia " A la sonrisa que me alegra el día " , lo leía un poco porque tenía que estudiar, cuando llegaba a la página treinta y dos, encontré una nota, te veo a las siete en el parque, en el único árbol que da sombra a esa hora. Eran las seis con cincuenta y ocho. Me puse el abrigo color mora y el pañuelo gris en la cabeza, no sé porque lo hice, pero encaminé hasta verlo, cuando me faltaba sólo un tramo me arrepentí y di la vuelta, mientras tu llegabas corriendo y tomabas mi mano, fue la sensación, el ruido de los arboles y el frío, heché a llorar, tú tan sólo me abrazaste, mientras yo botaba lágrimas, nos sentamos en una banca y me secaste el rostro, No preguntaste nada, y yo nada quería responder. Era como si todo sucediera denuevo, otro comienzo, me acerqué a ti, tomé tu mano y te besé. No se con que motivo ni justificación, era como si el viento me dijera que lo debía de hacer, que estaba escrito, que no era más que la participante de una historia, donde yo era la escritora, pero todo se antecedia.
Aquel día, superé tu pérdida, y volvió la ilusión, dejaré de ser escapista, y comienzo a vivir de un sueño, hoy volvío la parte que te llevaste de mi. Mis padres se alegraron de recuperarme, y los tuyos estan destrozados, les conté nuestras vivencias en la lejanía y creo haberlos reconfortados, porque moriste con el plan idealizado.
La señorita de la estacion de trenes no me recordaba, pero yo la saludé cuando pasé por ella, y le dije que estaba vez sólo regresé yo, pero que si quería un pasaje de vuelta.


La foto siempre permanecera en mi cuarto
pero en aquel pintado de rojo
el que llaman corazón



Laura


> Bárbara

martes, agosto 12, 2008

La melodía de las tres con quince

Para aquellos amores,
que dejan de tener nombre,
sin dejar de sentir



Volvías por un breve tiempo, por lo que te invité a cenar a mi apartamento para comentar un poco de la vida, sin mencionar lo que te extrañaba, pero nuestra relación había sido así intensa, romántica y perfecta, hasta que te ofrecieron aquel trabajo en ciudad lejana, lo que nos obligó a terminar lo construído en esos trece meses, uno que otro día de esos tiempos creía que serías mi último amor, el que me acompañaría el resto de la vida, y con el cual conformaría una pequeña familia.
Volvía con los biberes que había olvidado en el supermercado, el almacen estaba como esas pocas veces abarrotado, por lo cual me quedaban treinta minutos si es que eras puntual para terminar la cena. Tú comida favorita.
Erán las diez con cinco, y yo rogaba que tardaras un segundo más, cuando sonaba el timbre. Me apronté a atenderlo al instante que te veía llegar acompañado de una dama guapísima, mientras se me rompía el corazón por tu rápido reparo. Pero era tu hermana insististe, quería conocer a aquella jovencita que logró robar tu corazón tanto tiempo en el pasado. Traías una botella de vino, ese que bebiamos cada tarde de un sábado, despues de ir al cine, y antes de salir a bailar.
Ese día utilicé un vestido azul, unos tacos grises, y unos aros que hacían juego, decías que ni siquiera un cuadro de picasso podría alcanzar la belleza que iradiaba ese día, y yo ahí, era el acto en que procedia a colorarme el rostro. Hablamos de temas varios, de tu nuevo trabajo y compañeros, el apartamento que alquilabas en un barrio de ejecutivos. Para mi gracia nunca reparaste en un nuevo amor, con lo cual podía concluir que permanecías soltero.
Nos fuimos a acomodar al living para fumar unos cigarros y beber el vino mientras jugabamos poker, fue cuando se cruzaron nuestras miradas, con el cerebro nebuloso con el alcohol de aquella bebida, te acercaste a mi, y me acariciaste el rostro, diciendome que jamás habías dejado de amarme, espero que tu tampoco, ahí fue cuando decidí besarte, como iba a dejar de hacerlo, si me acordaba todos los días de ti, cuando escuchaba nuestra canción a las tres con quince, siempre llamaba para programarla y dedicartela, dudo que en alguna oportunidad la hubieses escuchado.
Me pediste que me fuese contigo, pero ello me obligaba a renunciar a mi buen situado trabajo, y a los amigos que guardaba el hogar, me pides que dé el salto, que vaya contigo y prometes empleo. ¿Por qué he de aceptarlo, acaso tu trabajo es más importante que el mío?, esa es la respuesta que esperaba amor, decidida, clara, e independiente, pues te tengo una grata sorpresa, estoy de vuelta, ya no me iré más. Pero ahora ya no quiero estar más lejos de ti.

Parecieron dos siglos, que se reducieron a un instante.
Esta vez seremos tu y yo,
Quiero estar a tu lado, verte al amanecer,
al atardecer, y al anochecer.


Laura




Bárbara

lunes, agosto 11, 2008

La última esquina

Para el que es amigo del miedo,
y por eso perdió al amor,
cuando lo tenía en la esquina.





Era un viento gélido el de aquella mañana, me golpeaba la cara y me partía los labios, mis guantes estaban pérdidos en algún lugar recóndito de mi habitación, por lo cual mis manos estaba a un paso de la hipotermia, y tornandose de un feo morado que me asustaba. En una mano llevaba una bolsa de papel con flores secas, y la otra la movía intentado calentarla. Caminaba despistada cuando te topé sorpresivamente fuera de un café, caminábamos con similar destino, asi que me acompañaste, te había querido hace dos años, pero aún temblaba mi corazón al verte, te pedí guantes puesto que el frío se apoderaba de mi, como solución decidiste tomarme la mano, sin darme cuenta estaba unida a ti, decías que el contacto de dos personas hacía equilibrar la temperatura.
Y ahí estaba yo, caminando de tu mano, con el corazón agitado, y unos ánimos increíbles de decirte te quiero de una forma susurrante en tu oído. Lo grité en silencio, dentro de mí, pero no hacia ti.
Creí pensarte, creí soñarte, creí tenerte como ayer, todo en un mismo segundo, me desconcentré y solté la bolsa que llevaba en la mano izquierda, las que recogiste mientras yo quedaba impávida mirandote, amandote en silencio. Ten más cuidado sugeriste. Te puse frente a mi, o más bien yo me puse frente a ti, tengo que decirte algo, quize, lo intenté, pero no pude, a lo que proliferé un gracias tímido, te descolocaste por mi rara actuación. Y dijiste yo si tengo que decirte algo, ¡me estás pisando, y el taco se me entierra en los pies! . Me reía mientras me disculpaba, seguimos caminando, hasta que llegué a mi destino, me despedí con una gota de amargura entre los labios, y un deseo de besarte en el corazón. Esperaba el semáforo, mientras tu ibas a media cuadra, corrí, y te dije, en realida no tenía que decir nada, acto seguido, te besé. Creo haber guardado esos deseos dos años, mientras tu caminabas de la mano de otra, fue sin duda el beso mejor robado de mi vida. Quedaste pálido, me decías que me pretendias desde hace mucho tiempo, pero creía que yo te rechazaría, y ese miedo te dudaba a actuar en plan de conquista. Hombres, bobos e inseguros.
Pero ya es tarde amor, me voy mañana de la ciudad,
y no tengo boleto de regreso.


Amanda

> Bárbara

martes, julio 15, 2008

déjame creer que todavía es ayer

Para el que ganó y,
perdió.
Para el que aún no se levanta,
pero que debe hacerlo
Tú sabes donde está el sol, donde encontrar mi sonrisa cuando el viento me la arranca, sabes cuando necesito tu calor en un abrazo. Tú sabes ser quien yo buscaba, quien yo anhelaba.
Me dijeron que no dependiera jamás de una persona, que fuese independiente y que supiera ser feliz a solas, pues he decir que antes infeliz no era, pero lo que me faltaba para ser su contrario lo tragiste tú, tus chistes, tu alegría, o tu mera compañía. Has de tomar mi mano, para entregarme la seguridad carecída, el latido de mi corazón, y las risas al caminar sin ningún motivo.
Nunca le encontré mucho sentido a aquella canción que señalaba que el primer amor es el único, quien jamás se olvida, yo sólo conjeturé que los amores antes de ti, eran para hacerme notar quien era mi exacto complento, a quien valorarlo y saber ser su compañera.
Hoy tras caminar bajo el agua con tu compañía, tras cruzar rios e hundirnos en ellos, tras caminar por la playa e impregnarme de ti, sucede lo que menos deseaba, y menos tenía en mente.
Guardé la noticia de mi embarazado para cuando volvieras, cuando volverias de tu viaje de negocios, quería preparte una cena y entregarte unos zapatitos de bebé de regalo, como una vez observe en una publicidad en mi niñez. Pero no pude, quedé imposibilitada.
Lo recuerdo, era un día de lluvia, frío y estaba en cama leyendo un libro, pero era extraño, porque el frío nunca lograba vencerlo, estaba nerviosa, y pensaba en ti, en que el terreno estaba mojado y resbaladizo, tuve miedo. Volvía a mi libro, cuando sonó el teléfono, me consultaban con una voz preocupante si esta era la casa de ti, de ti amor. Me cogí el vientre, y respondí un nervioso sí, la noticia sucumbió en mis oídos como tal huracán azota una carpa en campo abierto. Corté y llamé mamá, estaba muriendo en vida.
Hoy te he venido a dejar un par de rosas de color celeste, porque sabes, ya lo sé, es un niño, y nacerá dentro de tres semanas, es una lástima que no estés aquí para verlo crecer, y para verme crecer a mi, que tuve que madurar a la fuerza, que tuve que dejar la maldita idea de que quería partir a tu lado, porque tenía un cable a tierra, que denominan cordón umbilical.
Me siento pérdida con tu presencia en no más que fotografías antiguas, sé que decías que si algún día faltabas que buscase otro amor, pero por hoy y mañana, quiero recordarte, quiero sentirte, quiero dormir para esperar soñar contigo y pensar que aún es ayer.

Te fuiste con mi corazón.
Con mis ilusiones, y mi dependencia.
Aún así, te amo.



Amanda




> Bárbara

jueves, julio 03, 2008

La capa negra

Hazlo blanco tu día, cuando plazca.
O cuando el negro te canse.


Me dijeron que el día sería negro, santa metereología que es inexacta. Anunciaron que mis manos siempre estarían heladas, que mis brazos nunca serían sujetados, que mis ojos jamás serían encandilados, y que mi corazón no palpitaría como si estuviese muriendo.
Pero apareciste, cruzaste calles y caminos oscuros, hasta encontrarme, comenzaste con tu capa de color azul, que manchaste en el camino de mi búsqueda, pues por eso no noté que eras tú. Hasta hoy, la traías negra, pero tu presencia a mi lado delataba en el aroma que eras, quizá no venías en un córcel blanco, ni en un carroza blanca tirada por unicornios, pero eras mi dulce amor, la mitad de mi vida, y su complemento.
Quería decirtelo antes, pero si antes no te conocí, pues ahora no te dejaré partir, quizá nunca jugué demasiadas fichas en búsqueda del amor, pero hoy estoy dispuesta a dejarlas todas sobre la mesa, si es que pierdo, perdí por la mayor ilusión, y el mayor sentimiento.
Te conocía quizás poco, pero me levanté decidida a platicarte, usé un vestido azul, ondulé mi cabello, y encrespé mis pestañas. Estaba detenida en la esquina fingiendo esperar a una amiga, cuando te aprontabas a pasar cerca de mi en tu caminar, simplemente me saludaste con la mano, pasaste de largo. Te quedé mirando pasar, cuando te diste vuelta a mirarme y volviste. Dijiste "Disculpa, no quería decírtelo porque quizás te molestaría, pero hoy te ves muy guapa, te invitaría a salir incluso". Con una sonrisa avergonzada te dije "Entonces salgamos".
Ese día fuimos al cine, pero no vimos una película melosa, no quería parecer tan romántica, por lo que vimos una de guerrillas.
Salimos a caminar por la plaza, cuando te confesé que en realidad no me gustó la película y que quería ver una romanticona, que, para mi sorpresa, era la mismísima que tu anhelabas ver.
Me tomaste la mano, y me miraste a los ojos, decías que llevabas cerca de un mes queriando hacer aquello, cerraste mis ojos con tu mano, tomaste mi rostro y me besaste sútilmente.
Te quiero, y te querré.

No te pido que cumplas mis sueños, se participe de ellos.



Emilia



sábado, mayo 10, 2008

brevedad

Para el pasado,
o los de paso

Conocía esa sonrisa, esa mirada, pero estaban algo transformadas, quizá porque me figuraban en un niño pequeño, que tuviese un par de años, no más que eso. Era aquel amor de mi infancia, mi novio de cuatro años, el que me regalo una margarita cuando cumplimos una hora, y me dió un beso recien al cuarto día. En realidad nunca terminamos, porque eramos niños, y se nos olvidó, pero en teoría, si así fuese, llevariamos cerca de quince años de noviazgo. Y hoy te me cruzas denuevo, despues de no verte en todos estos años, y te podría besar, por la teoría que contengo. Pero me calló y te digo un tímido "hola, te acuerdas de mi", al instante me abrazas y me dices pues claro Sole, mi primera novia, la del jardín, con la cual intercambiabamos colaciones, pero al final yo me comia las dos.
Estaba maravillada con este encuentro inesperado, con tu sonrisa en la mía. Me dijiste que volvías a la ciudad, cuando yo justo partía, pero que salieramos en la noche, ambos dos por algún lugar para platicar.
Te esperé a las nueve. y te esperé a las diez, llegaste demasiado tarde, pero no diste ninguna explicación, dijiste que la excusa agrava la falta. Me dijiste vamos, que la noche es breve.
Bebíamos de lo mejor, escuchando una música que nos agradaba a los dos, cuando me miraste y dijiste "conservas la misma mirada dulce de la cual me enamoré a los cuatro años". Y yo que creía ser la única que recordaba algo de aquel noviazgo. Con eso me cautivaste, te amé en un segundo, me prendí de ti. Creo que fue demasiado jerez en la cabeza, pero no recuerdo nada. Hasta el otro día, cuando desperté en un sofá mientras me acariciabas el rostro y me decías que habías preparado un exquisito desayuno. Fue cuando encontré tus ojos con los míos, y me di cuenta que estaba enamorada, de aquel chico de la niñez que hoy volvía. Pensé en partir en aquel preciso instante, porque nuestros caminos iban en ciudades distantes, pero no lo hice, y en el opuesto, te besé y dije, no tengo ganas de comer, vamos que el día es breve, mientras le guiñaba el ojo.

Soledad sin soledad.





>
Bárbara

sábado, mayo 03, 2008

grito retardado

Quizá nadie lo lea
o alguien lo burle
que venga y diga,
pues

poco me importa


Sonaba la campanada de las doce, y yo seguía en cama mirando el techo de la habitación. Me sentía si ánimos de nada, con las sonrisas inbosquejables, y tu abrazo lejano escondido entre la niebla de mis pesares. No se cuando llegué aquí y me transformé en tal ánima transparente frente a los espejos, cuando dejé de arriesgar, de cruzar los ríos y tratar de construir aquellos puentes que terminaban siendo destruídos por las corrientes tormentosas.
Era aquella mi suerte, pérdida al otro lado y con el aguacero sobre mis hombros, cuando todo estaba mal, cuando el día se tornaba gris a negro. Me abrazaste, me gritaste un vuelve, me besaste entregándome calor al cuerpo impávido en el cual yacía.
Pero llegaste tarde amor, estaba lejos. Y mis resoluciones no fueron presurosas, fueron consecuencia.




Soledad



> Bárbara




domingo, marzo 23, 2008

Quédate siempre

Para el que teme a sentir,
a querer,
y a no olvidar jamás




Te grité que caminaras a mi lado, que no soltaras mi mano. Que me mirarás a los ojos, te detuvieses un segundo, y te callarás un rato. Te miré, y te besé.
Planifiqué ese momento mientras enredaba mis dedos, trenzaba mi cabello y pensaba en ti los días de invierno. Mientras caminaba las calles con lluvia, circulaba por veredas desoladas, o sentia el frio entre mis manos. Te sentía en mi corazón, en mi cabeza y en mis sinceros sentimientos.
Pensaba que sería el comienzo de una linda historia, y no el fin de una, que partiste lejos de la ciudad, y me abandonaste, con mil interrogantes. Pensando en el desdén me quedé ocho meses, pero ninguno de mis sentimientos cambio. Te escribí ocho poemas, uno por mes, y te dediqué una canción por semana. Era la primera vez que me pasaba esto, que me costaba tanto olvidar al que había partido.
Pero mis penas se terminaron, en el preciso momento en que sentada en el paradero del microbus me cubriern los ojos con ambas manos, me besaron la mejilla, y me susurraron espero que no haya sido demasiado tarde.
Era tu voz, tu aroma y tu suavidad. Fue tu sonrisa la que recuperó la mía.
Puedo creer que eras sueño, o más bien mi sueño, pero que para mi suerte, hoy soñamos juntos.
No haré preguntas. Solo disfrutaré que tu me amas. Y que yo te quiero gritar miles de te amo.

Quédate a mi lado, pero esta vez para siempre.


Emilia



>
Bárbara

viernes, marzo 21, 2008

Sonríe que sonrío

Para nadie,
o para todos



Dí vueltas al rededor de diez minutos, te esperaba para un encuentro casual casual como tú solías decirle a nuestras poco planificadas reuniones.
Pero todo parecía nada cuando llegabas y me dabas una de tus sonrisas, no te decía cuan enamorada me tenías para que no te sintieses tan seguro de mi corazón. Llevábamos cerca de tres meses de una relación sin nombre.
Ese día llegaste con un sombrero, que además se sentaba excelente. Me contaste los últimos chistes que habías aprendido, que según tú, la única intención era verme feliz. Me perdía cuando simplemente me mirabas, me acariciabas el rostro, y decía un que bueno que te crucé en esa esquina.
Me querías llevar a un callejón sin salida, me dijiste que viesemos un árbol hermoso que ahí había. Contra mi consentimiento, pero con tú mano tomando la mía impidiendome decir que no.
Lo ví y no era otro más que los mil del parque en el que estabamos. Pero cuando nos acercamos, comprendí. Habías escrito en su tronco si quería ser tu pareja.
Cuando terminaba de resolver que todos los hombres eran brutos, poco creativos e insensibles. Apareces tú, con la más linda sorpresa, que terminó con un corazón sacado de tu sombrero, como cualquier mago de función.
Haz de llenar mis espacios, mi corazón, y definir mis sonrisas.


Amanda




> Bárbara


domingo, marzo 16, 2008

caramelos envasados

Para ti
Que no quieres olvidar
aquello que no duele

Han pasado varios días, que podríamos incluso organizar en un par de semanas, aún así cada dos días te recuerdo, te siento a mi lado, y disfruto de tu sonrisa dulce. Sabiendo que para ti no significó más que un momento, y para mi no más que eso, pero uno difícil de olvidar, difícil de dejar atrás, y de sobrepasar. De esas historias lindas que cuentas cuando raro ocurre, cuando la monotonía toma sus maletas y te deja por un tiempo. Cuando eres tú la protagonista de una película francesa, con esos tipos bien seguros, bien parados, erguidos y seductores, eras la chica dulce, y de pocas experiencias extrañas.
Bosquejo en el aire su nombre, y por aquel tiempo imaginó que esto era eterno, que el contacto con su mano era el de una de las mil veces, se sintió protegida, amada y estable. Soñó que mañana y pasado lo volvería a ver, que ese instante le pertenecía a ellos y no a las circunstancias. Que él la llamaría al siguiente día y llegaría con una caja de chocolates de menta para celebrar su cumpleaños.
Mientras acariciaba su pelo, y ella lo abrazaba, recordaba que mañana no habría mañana, y por eso prefería cuando el sujetaba su rostro y la miraba fijo a los ojos, sin hacer mas nada. Se tomaban de la mano, porque simplemente juntos querían seguir.
Abraza su ausencia y recuérdalo con la canción de la telenovela, encuéntralo en tus sueños, hasta que ya te aburras.
Fue el juego de unos niños más crecidos, con los dulces abandonados a un lado, y con otra dulzura roja como participe.
No es que duela olvidarlo, es que gusta recordarlo.

Emilia

martes, febrero 26, 2008

aroma efímero

Rompe la rutina,
aspira el amor del aire.

Ella estaba tranquila sentada en una banca de la plazita continuamente visitada, se conocía cada uno de los que concurrian a ella, y Emilia sabía cuando era una visita nueva, llevaba un libro diferente cada día, que mucho no leía, porque según ella, le encantaba la calidez y relajo de la plaza.
Todo su plan rutinario se estropeo cuando llegó un nuevo visitante, que se sento a su lado y le inicio una conversación, a ella le gustaban morenos, pero él sujeto era rubio, lo que tenía era esos ojazos verdes que la derretian, era bastante guapo, estaba claro que la ponía nerviosa, que cuando tocaba su mano de una casualidad falsa ella temblaba, que su voz salia entrecortada y que estaba riendo, pero se paro rápido ya que pensaba que lo que sentía por él estaba mal, y no quería terminar en sus labios.
Mal hecho, el tipo se levantó como en una película francesa, la tomó con la mano izquierda tras su espalda con tal fuerza que estaba impedida de safarse, y con sus bocas a tal cercanía que era imposible evitar lo inevitable, el se acerco y la besó, con tanta seguridad que a ella le agradó, y quedó prendida a él, la invitó a tomarse una bebida a un pub y ella aceptó, sin saber que pasaría, y dejando la rutina.
Conversaron largo rato, rieron y bebieron, cuando ya oscurecia se fueron, caminaban por la plazita de antaño cuando el la volvio a besar, esta vez lentamente, dejandola prendida a él, por el momento, ambos sabían que las visitas nuevas no duran más que el día, pero él la abrazo mientras le acariciaba el pelo, ese momento lo querian hacer durar por siempre.

Ellos se quisieron una tarde, y se olvidaron en tres días.

Emilia



>
Bárbara

miércoles, enero 30, 2008

Apagado

Para aquel pérdido,
esperanzado aunque
ya vencido


La luna dejo de reflejarse en el mar, el sol dejó de encandilarme el rostro, las melodías dejaron de llegar a mi oido, y ese brillo, ese brillo especial, se fue a un lugar lejano.
Sólo fue una silueta mal bosquejada, un futuro inexistente, hecho entre sueños y fantasías que jamás fueron reales, las risas se callaron, y el mar se volvió más salado. Tengo acaso heridas en mi rostro, qué necesito desinfectar con remedio casero.
Guardo bajo la sonrisa mis miedos y temores, esas ideas de fin, y las aspiraciones del mañana cada día más lejanas.
Ni siquiera acepté aquel trabajo que me obligaba a tomar una avión y esperar unas buenas horas. Sigo donde mismo, igual que siempre. Tratando de pintar de blanco lo que siempre se pinta de negro. Cuestionando lo incuestionable, justificando lo injustificable.
Estoy como aquella niña pequeña despues de dar veinte vueltas en círculo, pérdida, si no fuese por ti, ni siquiera tendría ese pequeño hilo del que cuelga mi inestabilidad.
Soñé que lo soñado era real, por un momento fui plena.

Tengo ganas, pero de tener ganas.


Emilia

domingo, enero 20, 2008

Rueda de chicago

Para todo aquel
afectado por el verano
y su calor


Creo que debo ser sincera, debo pensarlo más de un minuto, y meditar que es para mi esto, que es lo que está sucediendo, donde quedó el brillo en la montaña, porque la nieve se derritió así, quizás es que siempre llega el verano para esas debiles montañas, quizás lo bueno siempre acaba y es que el dilema siempre vuelve, y el te dije y me dijiste se repite una y mil veces, y esta rueda de chicago ¿Cuando acabará?. Soy esa maldita que no aprendió nunca, que quizás se fijó en otras cosas, y no se porque no aprendí tal cosa.
Y es ahora cuando se me repiten las interrogantes, cuando recuerdo el olvidate de aquello, y es que tu no sirves para esto, para que insistes en forzar lo inforzable, en tratar de doblar un fierro con tus manos.
Yo no quería, jamás quizé llegar a este punto.
He de escaparme como la princesa despues de las doce, pero esta vez a un castillo inencontrable, ser la dama que canta e imagina, que es feliz con un par de flores y pajarillos.
He de perderme, y hoy es cuando.

Emilia

sábado, enero 19, 2008

caminata bajo un rojo sol

Para el que había perdido
la esperanza
o la ilusión del amor





Me arranqué tratando de olvidarte, de asumir que por ti nunca escucharía un si, lo que me embargaba en la tristeza menos inimaginable. Me fue a una ciudad un poco concurrida, pero partí sola, que era lo único que necesitaba, lo que me ocurrió era lo que menos esperaba.
Tomé una micro, ya destartalada, y desvencijada, con dirección a una playita solitaria de esas que te sirven para aclarar tus ideas, y el silencio se ve irrumpido sólo por el golpeteo de las olas. Era tan poco visitada, que iba yo y un guapo chico en el transporte, lo que no supuse es que de desvencijada tenía mucho, sin contar con la revisión técnica al día, nos detuvo un carabinero, con unos ojos hermosos, creo que eran entre grises ó celestes, lo que no imaginé sería que en aquel igual momento, el motor de la micro murió, y a parte estaba retenida.
Estaba recibiendo los rayos de sol directo en mi cara, cuando mi compañero de transporte me dijo
- ¿caminemos?, nos falta poco trayecto
- está bien (asentí)
Se llamaba Joaquín, y era de mi ciudad, caminamos cerca de una hora, así que conocí varias cosas, como que era poeta, músico, estudiaba una carrera, y que había terminado una relación hace dos semanas, creo que en eso nos pareciamos, claro que yo habia terminado hace un poco menos de ese tiempo.
Cuando el trayecto terminaba, y nuestros caminos parecian separarse, el me miro a los ojos, pidiendo perdón, y me besó. Me dijo que era raro, que nunca le había pasado esto, pero que sentía que estabamos conectados, al igual que yo, me dijo que compartieramos estos días y viesemos lo que ocurría.
Hoy venimos en un bus de retorno, pero juntos, este es el tercer viaje que volviamos a la tierra que nos vio nacer, llevamos algo así como seis meses, y puedo decir que soy feliz.


Magdalena




>
Bárbara

viernes, enero 18, 2008

Sinceramente adios

Para aprender aceptar
el hoy
y el mañana


Acepto la decisión, más bien tengo que hacerlo, nunca olvides que te quize, pero para estar juntos se necesitan dos. Creo sinceramente que junto a vos aprendí a hablar con sinceridad, a poder callar lo inexistente, y a sonreir en vez de llorar.
Esto es algo así una carta de despedida para ti Alberto, y es que jamás supuse que esto acabaría, pero tú lo pediste, y lo entiendo, o trato de hacerlo. Sólo tengo dos peticiones, que sigamonos viendo de vez en cuando, pero que salgas de mi mente con un casicompletamente.
No te estoy rogando nada, para mi esto ya se acabó, sólo quería expresar los sentimientos al momento de las palabras, poder desahogar que hoy esté triste, pero mañana por fin ya no. Y es que el orgullo mejor lo dejamos de lado, porque la sinceridad es lo que importa.
Cuantos ahorros produce el decir quédate, cuando en tu boca explotan vete ya.
Demos vuelta la hoja, que aun queda papel, tinta, y una creación por imaginar.


Laura



>
Bárbara

martes, diciembre 25, 2007

escrituras rotas

Para todo
que tarde comprendió
a quien amaba, de verdad



Ella se llamaba Magdalena, él se llamaba Rafael. Lo conocía poco o nada, pero su sonrisa lo tenía cautivada, en el día pasaba formulando remotas ideas de lugares en los cuales podía toparselo, y encaminar una plática, que lo llevase a conocer un poco más de él. De cuchicheos ajenos, había conocido su nombre. Rafael, el cual pintaba en corazones, y escribía de mil formas distinta, dejando mesas llenas de te amos, esperando que algún día no muy lejano, él los leyera, y supiese por eso que sabe cada corazón. que eran para él, de ella.
No había pasado más de un mes, y ella tenía las mesas plagadas, no había pasado otro mes y el tenía las mesas plagadas de quiés es la escritora de aquellas tres palabras.
Él la amaba, pero ella no lo sabía, ella lo amaba, pero el no lo sabía. Pero el destino los quería unir, los quería hacer felices, y los hizo sentarse uno al lado del otro en un bus de largo recorrido, en el cual no pudieron contenerse y simplemente se miraron y él la beso. Por que se sentían unidos uno al otro, y el creía que era ella aquella pluma que levantaba su corazón y lo dejaba plasmado en bancos solitarios. Y ella no sabía, que el en secreto la amaba de mucho antes. Se bajarón en una plazita cercana, caminaron tomados de la mano, y llegar a la orilla de la playa, la brisa les daba en el rostro. pero en sus labios no, ya que estaban unidos el uno al otro.
Pero terminó, terminó la relación, él la finalizó porque conoció a otra joven, de la cual hablaba embobado frente a sus amigos, pero la única verdad, era que ella era la copia exacta y con algunas diferencias a Magda, lo que sus amigos le repetian continuamente. Así, un día de platicar con la luna, noto al fin, que seguía enamorado de la dulce joven que le escribia corazones, intento, intento pedir perdón, pero ella, ya se había ido. Y no dejo número ni dirección. Rafael se quedó mirando la luna, y Magdalena con lluvia en los ojos.




Magdalena



> Bárbara

domingo, diciembre 02, 2007

Presentimiento de una banca pintada

Para todo soñador
que había dejado de hacerlo
Para toda alma suspirante
de un romanticismo de cuentos

Caminaba a paso calmado por una tranquila avenida, aunque ya era bastante tarde, y su tranquilidad era por lo solitaria que estaba, iba con dirección a la estación de trenes, con mi pasaje en la cartera, y los últimos cien pesos que me había dejado el pagar las cuentas, y comprar una lapicera fina. Pero como que se me olvido que estaba en la gran ciudad, y que aquella hora era peligroso, cuando lo recordé, un tipo se me acerco a preguntar la hora, mirando fijamente mi reloj Timex, no, no era de los de plata u oro, lo utilizaba para practicar deportes, por si se lo preguntaban, así que no pude tan sólo decir que no lo sabía, y tuve que responder a su pregunta, fue en aquel momento que me mostró un cuchillo filudo y deseoso de pertenencias ajenas, me quitó la cartera, le rogué que me dejara sacar el pasaje y mis documentos, me pasó el carnet de identidad, y algunas identificaciones varias, pero el pasaje lo rompio en cuatro, porque según él, disfrutaba el dolor ajeno.
Tenía un pasaje cortado, que no me aceptaría la máquina para ingresar al vagón, pero para mi suerte tenía doscientos pesos de un vuelto en mi bolsillo izquierdo, con él cual llamé, sí, llamé a mamá para que me auxiliara, pero no contesto, llamé a papá y tampoco lo hizo, llamé a mi hermano pero me contestó para decirme lo ocupado que estaba y me cortó. Y ahí se fue mi última esperanza. Era domingo, y ya no había alguien que me ayudara con mi pasaje, por lo cual tuve que dormir en las afueras de una plaza, que tenía una cafetería en su frente. De aquel lugar pintoso apareció un joven, de más o menos veinticinco años, y pues, me ofreció ayudarme, darme alojamiento por el rato que demoraba en pasar la noche, temí, pero más le temí a una ciudad entera a la que me podía enfrentar en la oscuridad de la larga noche.
Me invitó a un café, me preparó un emparedado, y me preguntó que andaba haciendo por estos lados, a lo que le respondí serenamente. Enganchamos rápido, yo no quería dormir, así que vimos una película, de esas romanticonas, y terminamos con esas miradas cómplices, pero yo ya no quería involucrarme con nadie.
Conversamos hasta que amaneció, y el me facilitó dinero para el pasaje, el cual yo le depositaría luego. Lo miré a esos ojazos azules que tenía y le dí un beso en la estación abarrotada de gentes.
Tenia la mejor excusa para retornar, cancelar aquella deuda. Me senté y pedí un café, y poder conversar con el encargado, y ahí apareciste tú, que me sonreíste al instante, y te sentaste tomando mi mano. Me platicabas tan rápido que ha ratos me perdía en la trama, pero me extrañabas según tú, yo era especial, y según yo, tú lo eras para mi.
Fue una coincidencia extraña, pero prometimos continuar algo juntos, y hoy llevamos catorce meses, llenos de magia, canciones de pájaros, cargada de cine romántico y cartas de amor cada día.
Y hoy es cuando quieres terminar conmigo, lo presiento, pero, camino tranquila, secándome los ojos, y tratando de no cruzarlos con los tuyos.

Te amaré más allá de cuando rompas esto.
Y no te olvidaré por muchos que pasen por mi esquina.



Magdalena





lunes, octubre 29, 2007

tarde niña, tarde.

Movimiento en caída libre


Apagué el cigarrillo, antes de fumarlo, diciendo por n-esima vez, que ya bastaba de fumar en la vida. Observé mi departamento vacío, y mis dos maletas a un costado. Con lágrimas en los ojos emprendí el camino, lejos de aquella ruptura reciente, y tan cercana al matrimonio, pero como decía siempre, el trabajo está primero.
Creo que iba a diez minutos del aeropuerto, cuando escuché la voz en tu oído, aquella fantasía desoladora, que me embargaba en la pena más amarga que no conocí antes. Hasta el día en que me dejaste. Yo que creía que todo lo hacía bien en nuestra relación, que cambié y mejoré por ti, pero eso no siempre es suficiente. Buscando la perfección, perdí la magia con la cual nos enamoramos, con la cual nos gustamos, y con la cual nos besamos la primera vez. En esa noche de verano, que tuvo una repentina lluvia, jamás pensé que volvería a tener la cara empapada, mirándote a los ojos.
Embarqué, con destino a Suiza, por trabajo, y como idea de distracción, me senté, con un asiento numerado que anunciaba la melancolía de la ventana, y la tinta que temblaba en mi cartera, escribí mientras todavía el avión no despegaba, mientras todos se acomodaban, y aguardan los dos asientos vacíos a mi costado, dos posibles acompañantes, extraños, con posibles traumas o fobias. Creo que pasaron cerca de cinco minutos cuando los conocí, eran una pareja, recién casada, que iban a su luna de miel. Y desbordaban aquella felicidad que un día soñé.

Pensé como buena creativa que soy, en bajarme de aquel avión, en tratar de recuperarte, y no pensar en el trabajo por un momento, pero ya sabes, el miedo era demasiado grande, y partí. Partí rumbo al continente europeo, sola, sin ti, ni tu amor.

Los meses me parecieron bastante largos, siendo tan sólo dos los que me demoró el trabajo. Pero maduré, crecí, y fijé mis nuevas prioridades, en las que tú estabas como debiste haberlo estado siempre, en las primeras. Volví con esa idea a Chile, volví con la idea de demostrarte que yo te amaba, y era la misma que un día conociste.
Pero sólo quedé en ideas y escritos, en frases hechas, y en actos imaginados, la obra terminó antes que saliera a escena, y tú habías encontrado un nuevo amor, más linda, más amorosa, y al parecer mejor que yo.

Me enseñaste el amor, me enseñaste la pena,
pero más me enseñaste a mostrar el corazón sin miedo, y a tiempo




Magda


Bárbara

viernes, septiembre 21, 2007

Marina vacilante

Para cualquier alma dubitativa y asustada
Por el tan complicado
que llaman Amor


Ni siquiera recuerdo el momento en que todo ocurrió, pero fue en aquel en que comenzé a pensar, qué éramos, y dí con la respuesta tras unos miseros segundos de titubear, eramos ni menos, ni más, que nada. Eramos a penas dos almas deambulantes algo enlazadas por unos hilos muchísimo más débiles que un pedazo de ceniza.
Y es en estos momentos en que me cuestiono si lo hice bien, si lo hice mal, si quererte está bien, o saldré demasiado herida de esta batalla, si tu boca son mentiras, o si dices la verdad.
Es cuando decido si zarpar o bajarme del barco antes que inicie su rombo a altamar, es ahora, cuando debo analizar bien los hechos, cuando debo pensar con dos dedos en la frente, para no botar lágrimas luego, si no quiero sufrir, ahora debo pensarlo.
He de deambular por las calles, buscando la respuesta a ésta situación. Quizá somos demasiado distintos, demasiado embobados por una ilusión falsa, si es que en realidad fuesen verdad tus te quieros, que ni siquiera de eso puedo estar segura.
Ni siquiera es como una de las historias anteriores, para revisar pautas, y alejarme o acercarme. Es definitivamente unas planas nuevas.



Mi corazón tiembla. Y mi cerebro está quieto.

Emilia



> Bárbara

martes, septiembre 04, 2007

armadura al suelo

para él .

Ayer yo miraba el cielo de reojo, hoy el me mira, y yo lo miro devolviendole una sonrisa. Hoy me aporta algo de calidez y mis manos no se encuentras tan heladas, están cálidas al contacto de tu voz, y el corazón alegre cuando se acerca un encuentro momentaneo. He de decir que me haces bien, que disfruto enormemente cada risa, y cada vez que hablas, por ese sólo hecho es que me alegras el día. Esa sensación extraña que hace mucho tiempo no aparecía. Que se ve algo nublada por dos motivos, uno llamado distancia, y el más complicado, y díficil de afrontar, llamado miedo. Mil y un miedos que puedes aparecer por mi parte, por el sólo hecho de que mi corazón es mío, y me da miedo salir demasiado herida de está batalla pasiva y de corazones. He de sacar mi armadura por un momento, y confiar en que tu bandera sea puramente blanca, cuando descubra que ya no lo es así, he de partir como buena caballera de la orden, tomar mi armadura y llevármela al hospital más cercano, decir que vengo por una pena de amor, pero tener una sonrisa escondida bajo las lágrimas por haber dejado todo en el campo, por haber expresado todo lo que se debía, y por no arrepentirme de lo que no hice, y si de lo que hice mal. Creo que el cuento es corto, pero tampoco es un cuento, es algo así como un diario, un diario para el corazón.



Laura

> Bárbara


- Todo lo escrito no tiene que ver necesariamente con la realidad, cualquier coincidencia de nombre es eso, sólo coincidencia.

lunes, agosto 20, 2007

típica poco creativa

De antemano les advierto, que la historia que leerán acontinuación no tiene mucha trama, ni creatividad. Pero muestra un corazón ensoñado, un vos perdido en la inmensidad y unos dedos muertos por expresar.

Déjame amarlo sin controlarlo

Sabes, tengo un Romeo, si, ese, como el del libro, el problema, es que ni siquiera él lo sabe, yo lo sueño cada noche, y me despierto en sus brazos, mas no son más que mis cojines revueltos formando un corazón. Creo que estoy en cierta forma alucinando por él, pero es que si vieses si quiera un segundo su mirada como la veo yo, como me pierdo en sus sonrisas y como anhelo sus labios, ya sé que no lo conozco nada, y ya sé que si lo quisiese tampoco podría, porque de seguro tiene novia, o algún compromiso bien formado, es de esos tipos bien parados, que son seguros de mirarlos, y que parecen sacados de algún cuento de príncipes azules, y no vengas aquí con el comentario, que más que su fisico no conozco nada, que nisiquiera se si es mal genio o risueño, sabes que siempre he podido ver en los ojos más que un par de esferas cristalinas, sabes que lo que el me trae es algo más que su caminada, es una risa nerviosa que sólo él genera, que me tiembla desde el pie hasta la última neurona.
Déjame mejor escribir historias, en las cuales él me ame y yo a él, en el cual la felicidad sea fácil y él se encuentre sin novia, dejame expresarle sin peros ni ataduras mis más nobles sentimientos, mis deseos incallables, y esa idea loca de amarlo sin controlarlo. Dejame escribir ideas descordadas que mucho no llame la atención leerlas, pero que yo pueda decirle mil y un te quieros, déjame amarlo sin controlarlo.
Terminar con un beso cada párrafo y un te amo cada texto.



MagLaura



> Bárbara

martes, julio 31, 2007

ojos cerrados


Me parece impresionante como aún no te das cuenta de que de ti es de quien estoy enamorada, de como te niegas a escuchar mis gritos ahogados que incluyen mil te amos. Como no ves el brillo de mis ojos, que se encienden sólo cuando chocan con los tuyos, de manera repentina, y casi natural, casi, porque soy yo la que siempre los busca, y que espera tu mirada circudante.
Quizá sea por el hecho de que somos muy distintos, de que quizá yo no te parezca atractiva, ni emocionalente ni físicamente, o quizá es por el hecho de que nunca me atrevo a expresar lo que siento.
Aún no logro comprender tus gestos y miradas, no logró situarlas en el contexto de una personalidad, siendo que más que común, es algo cotidiano, y que siempre ha sido fácil. Eres como aquel asterisco que incluyen todos los libros, para explicar excepciones.
Muchas veces mientras camino por la costanera mirando las olas, pienso que podría hacerlo con la seguridad de tu mano, con el calor de tus besos y con la satisfacción de tus te quieros. Mas me pongo una chaqueta abrigada, y pinto mis labios con el labial que me regalaste para mi último cumpleaños. Espero que algún día dejes de decir cuan linda me veo con esa pintura palo rosa, y empiezes a probar a que saben.
Fui al bar que frecuentabas, con la intención de toparme en alguna mesa con tu aroma, mas sólo me tope con varios vasos de cerveza. Intenté dejar de beber, pero cada uno era por los meses que llevaba escondiendote mi amor. Creo que caí embriagada, pues amanecí dormida en un habitación solitaria, que tenia sólo tres peluches, un velador, y la pequeña cama, pusé los pies en el piso, al sentarme, y me clavé, era una rosa, una rosa rosa, que tenía una tarjeta y decía "Ten más cuidado, me preocupo".
Salí de la habitación en busca de quien me había llevado a aquel sitio, fui al comedor, a la cocina, a los dos baños, hasta que ví otra habitación, y ahí estabas tú, durmiendo, mi eterno enamorado. Me quedé mirándote hasta que la puerta de entrada se abrió. Fui hasta ella y una mujer castaña me habló
- no lo despiertes. Llegamos tarde ayer.
- ¿y tu quién eres?
- su novia

Fingí mirar la hora en mi muñeca, y salí apresurada diciendo que tenía un trámite importante. Bajé las escaleras corriendo y botando mil lágrimas que contenían algo así como sangre.
Contenían mi corazón desgarrado.



Amanda



> Bárbara



domingo, julio 22, 2007

im-posible

.
Lo imposible se llama miedo, y lo posible es llamado valentía. Esconderme bajo la presión de tus abrazos, cambiar la mirada, por esa sensación de que te das cuenta que mi corazón es tuyo cada día, por el hecho de pensar que mientras coges la mano de otra, yo en mis sueños no te la suelto, más que para acariciar tu suave rostro, o tus dulces labios.
Pensar que ayer formaba corazones tranquilamente en una hoja de mi libro, en los que incluía tu nombre y mi nombre. Cuidando de aquella superstición de no cerrar completamente los corazones, esperando que dicha esperanza se completase en algún futuro no muy lejano.
El hecho de que yo no sepa luchar por tu corazón, se debe simplemente al terror de volver a sufrir, al terror de botar lágrimas de desprecio, y nadie te culpa a ti, como alguien pudiese pensar, sólo soy yo la que tiene dramas en esta historia.
Quizá, alguna vez, te pueda mirar a los ojos, susurrarte un no digas nada y simplemente decirte un te quiero, ni siquiera ser osada para besarte sin respuesta.
He mirado mi maleta casi lista, y mis pasajes en mano, y he pensado que no puedo irme sin habértelo dicho todo, sin expresar mis sentimientos, para que sea recordar tu mirada con un lo siento.

Era el día de mi despedida, corría la notica a voces de que habías terminado con tu novia, mas yo sólo conservaba amargura, diciendo que de seguro sería un corte momentáneo, que por lo visto, muchos pensaban igual a mi. Bebimos, y comimos, revisamos antiguos recuerdos, fotografías viejas, de épocas pasadas que estaban cargadas de nostalgia.

Topé contigo a la salida del baño, eras el único esperando por lo cual decidí hablar ya, antes de arrepentirme, o antes de que el algo de alcohol se me fuera de la cabeza, te explique lo que sentía gota a gota. Simplemente me miraste, con una mirada que no te había visto jamás, y entraste al baño, cerrando la puerta tras de sí.

Jamás pensé que actuarías de tal forma, contuve las lágrimas, y volví al grupo, decidí partir en seguida, a demás era tarde ya a aquella hora, llamé un taxi, ya que ninguno de los presentes podía conducir netamente puro, y por cierto, quería llorar tranquila. En aquellos veinte minutos de casa de la Isidora a la mía lloré mares. Simplemente caí a la cama y dormí de inmediato.
Mi vuelo partía a las 13.00 hrs, por lo cual no tenía mucho tiempo, apresuré, y un amigo pasó a recojerme, le conté lo ocurrido y no pudo vociferar más que un, todo se olvidará, no te preocupes.
Papeleo terminado y subiendo al avión. En vuelo, se acerca la azafata a traerme una taza de café que jamás pedí y una carta en papel hilado, lo cual me pareció bastente extraño de pertenecer a una publicidad de cafeína.
Tan sólo decía Para Ella, tenía mi nombre dentro.

"Laura:
Lo siento "

Era todo lo que decía tu carta. La guardé y traté de olvidarla, sin pensar en como había llegado allí, puesto que mi corazón ya estaba bastante dolido.
Derrepente cuando llamé para que retirarán mi taza, unas manos algo más gruesas y más firmes, que las de una dama, tomaron las mías, y miraron mis ojos, eras tú, sólo me besaste y te sentaste a mi lado. Platicamos, nos encandilamos y nos amamos todo el viaje, como dos quinceañeros. Creí que ya todo estaba perdido, y tu amor me era imposible.
Terminé preguntando "¿por qué lo siento?"
A lo que me dijiste un dulce "Por no besarte antes".




Laura







> Bárbara

viernes, julio 13, 2007

en agua

.
Hoy, cuando tempranamente te llamé al amanecer, dijiste que no podrías almorzar conmigo, que te sentías mal, al momento que ofrecí mi visita al instante, la cual rechazaste con la intención de dormir y relajar. Con algo de pena y las flores en agua, corté el teléfono y me quedé pensando en vos.
Hoy me había tomado el día, por lo cual aproveché de salir en la búsqueda del tan complicado regalo de aniversario, estuve todo el día recorriendo tiendas, sin existir algo que aborreciese más. Estaba con los pies mojados por la lluvia, y
con algo de congestión anunciando un pronto resfriado.
Me senté a beber un café, junto con escribir una carta para ti, para acompañarla con el anillo, que más que aniversario parecía compromiso. Te quería agradecer el ser mi complemento, el ser la chica de la sonrisa especial, que me cambiaba mis ánimos y los tranformaba felicidad pura, el poder verte cada día, escuchar tu voz, y un te quiero, que más que costumbre, es vitalidad. Eres aquella basquetbolista y yo no más que la pelota que en sus manos puedes manejar, aquel balón que puedes hacer girar, tranformar, pero no cambiar. Te quería agradecer el quererme tal cual soy, con mis uñas delgadas,
mis dos lunares, mi cabello desordenado y mi poco frecuente olor a cigarrillo.

Llegué tarde, nunca había demorado tanto en una compra. Cambié de zapatos, prendí la estufa y el hervidor. Mientras encendía la televisión, la señorita anunciaba la noticia del asesinato de una joven, que no ví más que el titular. Tomé el teléfono te marqué, pero contestó tu madre, el corazón me latió desesperado, tú vivias sola. Miré la televisión, y era tu casa, tu cuarto, y tu nombre.

Las flores marchitaron, pero aún las conservo.




Alberto

domingo, julio 01, 2007

collige virgo rosas

Piensa en aquella gota de agua, cae de lo más alto, desde donde jamás llegarás, revienta, se vuelve nada, y vuelve a renacer, para volver a caer. ¿Por qué temes tanto a que esto no funcione?, ni vas a subir tan alto, ni siempre tienes que reventar. ¿Por qué no te arriesgas? Yo te amo.
Te quedas callada, lanzando hacia mi, una mirada con miedo, dulzura e inocencia.
Y así quieres que te olvidé, si tu naciste para mi, y yo nací para conquistar tu amor, para ser el revolucionario de tus sentimientos, el que sin espada, ni las miseras balas, gobierné la inmensidad de tu amor. Llegué a tu lado para llevarta a conocer la felicidad en todo su esplendor, para tomar de tu mano y recorrer campos de amapolas, con mariposas volando, que conozcas magia, senderos y abismos, llevarte a conocer el mundo porque tu debes vivir tu juventud, vamos, si no hay amapolas, habrán mis te quieros,y si no hay mariposas, estarán mis besos.
Imaginarme el mundo sin tu dulzura a mi lado, sin tus miradas cada amanecer, sería como imaginarme muerto en vida, con la razón de mi brillo, opacada por el miedo.
Si crees que en realidad esto costará, entonces este revolucionario deberá tomar puño y letra, y hacerte una lista, de las mil y un razones, de las porque arriesgarte, de las porque jugar está ficha.
Quizá mañana te aburras de mi, entonces tu conquistador se transformará en aquel tony versátil que te arranque sonrisas por montones.
Porque sin duda, tu naciste para mi y yo para ti.

Lanzate, que yo no dejaré caer,
te retendré en mi pupila, como el agua infaltable para ver mi mundo.
Ahora, nuestro mundo.




Alberto




> Bárbara


miércoles, junio 06, 2007

mi poeta, mi corazón.


Estoy atrasada, bastante para ser exacta.
¿Puedes esperar tan sólo un minuto?
Y así apareciste, con un ramo de flores en la mano y mil te quieros en los labios. Susurrandome que no te dejara, y celebrando nuestro noveno aniversario, que por cierto, había olvidado completamente. Hábil me mostré agradecida pero demasiado atardada, por lo cual te deje con ganas de ver el regalo que te tenía, que a su vez se encontraba perdido en alguna vitrina, comentario que omití.
Salí del trabajo una hora antes de lo anticipado, por dos razones, para no encontrarte a la salida y a si mismo para poder comprar tu presente.
Peluches, chocolates, todo era demasiado cotidiano y común, y ahí dí con ese libro de madera que tenía tallada la cara de Violeta Parra, llevabamos nueve meses juntos, y no tenía la menor idea si es que eras aficionado a la escritura, pero como siempre digo, nunca es tarde para comenzar.
Haz de convertirte en el poeta de los libros, y yo en tu musa inspiradora. Soy algo loca, pero te quiero. Te quiero con mi vida, y algo llamado corazón.




Magda.

sábado, junio 02, 2007

dieciocho otoños

=======================================================

Algunos lo llaman dieciocho primaveras, y por qué no, dieciocho otoños, si a su vez, tambien los he vivido. ¿o no?. Los he vivido o los he pasado. Uhm, eterna pregunta.
Ya se que es mañana, el día del juicio final, pero las horas previas siempre son mas entretenidas, en tema de emociones, quizá ría mucho o tenga demasiadas lluvias personales, pero, igual llegará mañana.
Y ahora es como si recien me conociera, ahora que vivo relativamente sola, y que estoy enmarcada dentro de situaciones más complicadas, la niña que miraba el cielo y tan sólo cerraba los ojos, ahora debe trabajar, para tocarlo, ardua tarea, donde lo más importante será no abandonar la empresa, por miedo, por el maldito temor, que acecha todas las mentes incursivas, que ataca todas las inquietantes ideas que tienen en sus cabezas.
Hoy no es una historia romántica, creo que eso se ha demostrado en las líneas anteriores, quizá no los quiero cumplir, no quiero cumplir dieciocho. Pensar que el barcó a la full independencia ya zarpó, y no sé porque llevo una maleta
vacía y tan sólo una caja de pañuelos, con una pequeña cajita de dos x dos que aún no quiero abrir, porque no quiero comprobar que este vacía. Mejor sellada, o las esperanzas se pierden.
Y ya lo sé, parezco una niña de quince años. Pero mañana cumplo dieciocho.
¿Por qué ?




No quiero.




Bárbara
========================================================

martes, mayo 29, 2007

viaje (jardín íncluido)


Espera, se escucha algo, no se si es un goteo o un paso fino. ¿Será el viejo del barrio?. No sé, esperemos que no, aún no me quiero ir.
Espera creo que es él, tan sólo escondete. Es ciego. Entonces calla. Esta bien.
Oye. ¿Qué?. Crees que el cielo está mas lindo hoy. Está igual que siempre. Entonces porque a través de tus ojos se ve tan perfecto. Quizá porque mis ojos son el perfecto encuentro entre tu mirar y el del mundo.
Tomé una decisión Laura. ¿Qué es?. Aceptaré el trabajo en Munich. (rostro triste, y sonrisa apenada) Me alegro mucho. Que bueno, porque vienes conmigo. ¿A Munich?. Espera, estoy comenzando mi nuevo trabajo. Pues ya te conseguí uno, en una Universidad de la ciudad. ¿Y el idioma?. Siempre te gustó la idea de aprender alemán.
Ich liebe Dich, (con una sonrisa dulce entre los labios) aún así me apena la idea de que nuestro bebé no crezca en la tierra que nos vio crecer. ¿Estás embarazada?. Si, lo supé hace tan sólo tres días. No te preocupes, allá será feliz, viajaremos, y sobretodo amor no le faltará, ¿A ti te ha faltado?. Ni una sola caricia. Y menos un te quiero, sabes, es la noticia más linda que me han dado. Para mi es la segunda. ¿Cual fue la primera?. Cuando respondiste a tu nombre. Te amo, a ti, y al pequeño germén de nuestro jardín a transplantar.
Gracias por alimentar mis días, encender mis ilusiones y cumplir mis sueños.
Y por ser mi sueño.




Laura




> Bárbara

miércoles, mayo 16, 2007

Queda sólo un barco

Era ya de noche, y a las 23.00 salía al escenario, cantaba en un pub de barrio, de aquellos barrios encantados. Tenía su corazón roto y le dedicó la canción, a aquel joven, que la agobiada, nombrando sólo una vez el nombre de sus pesares. Cantaba demasiado bien, pero esa noche su voz tiritaba cuando se acercaba a un te quiero, cantó como liberación de sus dramas, intentando que su canción se introdujera en algún sueño de su desalentador de sentimientos.
Al final se acerco para sentarse en una mesa solitaria, pidió una cerveza helada. Tres buenos tipos se le acercaron en distintos tiempos, los cuales rechazo con una cachetada, una palabrota y un vaso de cerveza en la cabeza.
Ella lo quería ver ahí, sentado detrás de un pilar, que no hubiese podido percibir, tomó su guitarra, la dejó en su casillero, soñando que una mano la acariacaba, se fue, queriendo que el la siguiese, diciendole que aunque no lo pareciese el tambien la quería. Que sus ojos y ella misma, eran más de lo que el buscaba ,y mucho menos de lo que deseaba perder.

Mientras caminaba por el borde de la playa, se detuvo a mirar las luces de los barcos, viendo sus ojos en cada destello, y escuchando un grito de auxilio en su corazón.

Él ya camina de la mano con otra. He de buscar otro, o seguir mirando las luces de los barcos.



Emilia






> Bárbara

corriente imaginaria


En verdad, estoy algo preocupada, quizá porque ya el brillo de tus ojos no lo quiero, y es que más bien, nunca lo tuve, pero lo deseaba. Tengo miedo, sabes, te temo, tanto como te quiero. Pero te odio, te odio porque no soporto tu coqueteo hacia otra, hacia otras.
Hemos de hacer un pacto imaginario, donde sólo yo sea testigo, de este amor imaginario, del que sueño cada noche, y extraigo un trozo de alegría de fantasía, que trato de transformar en realidad.
Soy un barco sin remos, y tu al único compañero de corrientes que deseo.

Quisiera que esto fuese tan real, y las palabras que te prolifero en silencio, no fuesen más que uno de los mil saludos por día, si habláramos de nosotros.
Que un te quiero se transforme en la respuesta después de cada mirada, y no en mi grito ahogado.
Quisiera gritarle al mundo que te quiero, y preguntarte tan sólo una vez, si algo conmigo quieres.

Tan sólo si supieras lo que siente mi corazón.




Emilia




> Bárbara



martes, mayo 15, 2007

no debía.


Lo siento, lo escondí por demasiado tiempo. Y es que valentía nunca tuve, menos para mirar esperando nula respuesta. Quizá debí haberlo intendado, haber cogido la oportunidad, y luego arrepentirme de lo que hizé, no de lo que no hizé.
Quizá, es demasiado relativo, y a lo mejor, hize lo correcto.
Siento, no haber dicho un te quiero, y ahora cuando ya te me vas lejos, para siempre, ya nada pueda hacer. Es que no era como todas aquellas, no tenía una personalidad desbordante, ni una extroversión impresionante. Era más bien retraida, con un te quiero es mis labios, que sólo tu podías brotar. Pero nunca lo germinaste, y de que valían mis intentos, si teníamos estelas desiguales. De que valían mis ensueños si, sólo era yo la ilusionada.
Interrumpí tu habitación, con la maleta casi por cerrar eh introduje por una ranura la carta de mis pesares.
Dieciocho horas duraba tu vuelo, eran al rededor de las 3.00 AM, contesté el teléfono escuchando un Te amo, por qué lo hiziste ahora. Entre otras románticas aseveraciones que nu enunciaré aquí.
Desperté tan radiante y desbordante de felicidad, que marqué al instante el número que me habías anotado días atrás, por si te quería platicar, te llamé para decirte lo feliz que estaba por lo de anoche.
Triste fue mi sorpresa, de que aquella llamada, aquella anhelada conexión telefónica, no era más que una fracción de mi sueño, de mi dormir. Sólo escuché ese drástico lo siento, pero no te amo.

Sabía que debía callar, era inoportuno, y más ciertamente era ineficiente. De que sirven mis te quiero, si tienes una capa contra ellos.


Emilia.



> Bárbara


miércoles, abril 25, 2007

Mi aguja en un pajar

De aquel día que terminamos, que ya han pasado otros seis, me siento tan extraña como cuando no te conocía, tan descolocada en este mundo, como a su vez, con los miles de ánimos de besarte cada vez que encontramos en algún lugar. Ya sé que fui yo quien terminó, y ya sé que tu ya no quieres saber más de mi, por la forma en que lo hize, pero necesito escuchar un perdón, no tan sólo de ti, sino de mi misma, de perdonarme luego, el haberte tratado así, el haber sido tan precipitada y alocada, él no pensar que eras tu a quien más amaba y a quién más dañaba.

Comenzar de cero, sería como tratar de borrar esto, sabes, en este tiempo, he decidido algo, que eres tu con quien quiero pasar mi vida por ahora, que contigo me siento segura y protegida, que me siento relajada y confortada, que me siento yo, a tu lado, tal vez pienses que estoy loca, y en realidad completamente cuerda nunca he estado.
Quizá debería, más bien debó control tal impulsividad que poseó, contar hasta diez, y terminar con un te quiero.
Un te quiero, un te amo y un nunca te olvidaré es lo que te dedico en este momento, que mi pesar es más que la valentía de dirigirme frente a ti, y gritar al cielo un lo siento.

¿Tanto me amas? Llegaste con aquella flor justo después de mis razonamientos "incuerdos", con tu voz diciendo reconciliación, mas era yo quien debía de haber llegado a tu lado con aquel presente, pero, eras tú, el opuesto a mi, que no pensaba mucho frente al orgullo, y él que se volvía mi complemento, el que me daba equilibrio, y al cual deseaba dedicarle una canción por día.

Un te quiero, un te amo y un nunca te olvidaré.

Magda





Bárbara

domingo, abril 15, 2007

La margarita, la trini y el libro


Me quiere, mucho, poquito, nada, me quiere, mucho, poquito... nada. El fin de mi margarita, y el fin de mi ilusión. ¿sabia? ¿o una mera entretención para un poco de ocio?.
Compré el libro que anhelaba, que por fin, después de largo tiempo conseguía, pues, está bien, estoy un poco enamorada, no era para mí, era para él, mi compañero de ya siete meses. Lo envolví en un lindo papel con una cinta arcaica, que lo hacía perfecto.
Tu cumpleaños, y el mejor regalo. Todo indicaba que los planetas se alineaban a mi favor. Aunque sonó aquel > cuak, que fui incapaz de percibir.
Me coloqué el vestido violeta que te encantaba, después de odiarlo. Sólo iba a saludarte temprano, todo un rito tus cumpleaños. Llegué con pasteles y un corazón contento.
Con ojos exorbitantes me mirabas - ¡me lo regalaron! repetías como tal grabadora con el play hundido. Con un poco, para decir bastante incertidumbre, pregunté. - ¿el libro?, volviste a parecer la grabadora, con un si de compañía.
Se me calló el regalo perfecto, no creo que el cambio de portada pudiera ser algo muy llamativo. Tu amiga, ella, la tan agradable Trini, te lo había obsequiado con anticipación de tu fiesta, y ahora la tenías en tal altar. Sin sospechar que ella ta quería, pero te quería como su pareja, lo que más me molestaba.
Caminé con prisa a la tienda, un libro cualquiera, ya nada podría ser peor. El tuyo quedó guardado, por si algún día terminamos, te lo entregaba.

Esa misma noche, me hablaste, decías que ella era maravilloza, y que estabas cegado a tal hecho y a tus sentimientos, que la amabas, y que te perdonará por actuar así, que tal gesto marcó la diferencia. ¿Qué iba a hacer?, nunca le rogué a un hombre, ni mucho menos lo haría está vez, que me deja por otra. Más sólo me quedaba tomar una caja, e introducir los pedazos de mi corazón esparcidos por la habitación.
Partí rápidamente con dirección a casa, embalé tu caja de tus obsequios y al día siguiente, ya luego de almorzar te la fui a entregar, estabas algo triste, pero te dejé. Posteriormente con sorprea encontraste el regalo, que decía comprado hace ya un mes. Estoy segura que fue algo así, lo que te motivo a escribir aquella tarjeta que decía.
- soy un estúpido, sólo te quiero a mi lado denuevo y para siempre.

Dos segundos tarde en responderla, era fácil.
- no, no deseo un hombre, que un pequeño gesto, le haga un cambio inmenso.

Y así, hoy las margaritas me otorgan un te quiere mucho, ahora espero encontrarlo, quizá donde y cuando lo conozca.
¿ Quizá en un supermercado ? (risas), que imaginación.


Laura.
tiempo atrás.





> Bárbara

viernes, abril 06, 2007

un sólo café

Páramo desnudo, hojas amarillas, compañeros de caminata, observadores, de los encuentros de nuestros labios, festejados a su vez, por una ráfaga de viento, que trae consigo, un poco más de amor.
Tomar de tu mano, y recorrer la tierra entera, parecería no más que una vuelta a la plaza.
Amo los cafés de cada tarde, luego de una caminata demasiado helada, pero más amo cuando tus labios quedan con aquella sustancia y la podemos compartir.
Demoraste tres horas en llegar a mi casa, saldríamos a las seis, pero cuando arrivaste, traías una sonrisa tan grande, que la impaciencia se transformó en curiosidad, una noticia grandiosa decías cada dos segundos, siendo que tres te demorabas en decir la frase. Así fue cuando me contaste que te habían aceptado y te ibas a estudiar por seis meses, a la capital lejana de oxford.
Bosqueje una linda sonrisa y un débil felicitaciones.
Ni siquiera partías y ya esperaba tu regreso. Algún designio me decía que nada de esto sería bueno, nada. Me dediqué a pisar las hojas sola por algún tiempo, tampoco el estudio me dejaba mucho espacios para pensar en mi soledad, trataba de imaginar cuanto me extrañabas. La cafetería que frecuentabamos cerró sus puertas, en su lugar hay un feo lavaseco que me marea, con su fuerte olor a detergente.
Que más daba, me compré un cuaderno y te escribó una carta sincera por día, y por mail te envío un bosquejo de sonrisas, que no son más que una soga a mi corazón. Ya no los respondias, si quiera, como en un comienzo, concurrí a pensar que se debía a tu mayor exigencia y a tu poco tiempo para ti, y a su vez, para mi.
Me llamaste para avisar que demorarías un poco, el curso había acabado, pero permanecerías allá dos semanas, o sea dos semanas más para mi de miedo.
Viernes 14, 14.00, ahí estaba yo esperando tu arrivó con bastante nerviosismo. Sonrisas falsas y un café, para decirme pronto y luego, que tu corazón lo había perdido, que fue díficil reconocerlo, pero más díficil esconderlo. Lo acepté con una cuota de "ya lo sabía".
Estoy esperando el próximo otoño. Para pisar las hojas secas, cambiarme de calle y encontrar una cafetería, para un sólo café.




Magdalena.
> o quizá dos.




{Que se comprenda las dos últimas líneas son sentido figurado: Estoy esperando...}

lunes, marzo 19, 2007

sólo perderme


< Querido diario:
Me siento solitaria, camino pausado, tratando de recordar el último te quiero, que no fuera de mi madre ni mi padre, tratando de remembrar las caricias en mi rostro que adoraba.
Ya no te cuento que son meses, puesto que son años. ¿Tan complicada estoy
o demasiado recelosa a enseñar mi corazón?. No quiero, no quiero, no quiero como se debería querer a mis 23 años. Tengo un límite sabes, me gustaría conocer a esos alguienes que te desorbitan y te muestra que hay algo más por lo que estar. Pero eso lo dejamos para las películas.
Yo sigo aquí paseando domingo, saludando parejas y yo tomando entre mi mano no otra mano, sino la callada compañía de mi libro.
Estaríamos diciendo cosas al oido, un beso después de cada coma, y un te quiero después de cada punto seguido.
Ser dos, dos seres plasmados por un papel que diga tu y yo. Ya olvidé eso.
En sí, tampoco estoy demasiado segura si quiero volver a ilusionar. Claro, recelo es mi miedo y problema de incomunicación, sino no te estaría escribiendo a ti mi querido diario.
Tomaré una bola de cristal, esperaré hallar alguien, con esos ojos en los que me pierdo, y callan mi boca parlanchina que solo tonteras hace pronunciar.


Laura >







Bárbara

sábado, marzo 17, 2007

único otro


Otro domingo, de compras al supermercado, sería como todos si la cola a la caja no fuera tan larga, cómo no, si de las 20, sólo diez tienen a su funcionaria tecleando.
Mínimo tres carros, de esos repletos, por mesa, la señorita de la caja 12 parecía más ágil, llegué con mi carro de una rueda fallada.
Justo delante mío estaba un tipo, nada de mal, con una bufanda escocesa, y un sweater rojo italiano. Y de esos ojos en los que te pierdes. No había visto su cara hasta que dio media vuelta para preguntar la hora. Eso fue todo, aunque luego me pidió que le reservara el puesto en la fila, había olvidado unos chocolates.
Estaba a punto de terminar de pasar los productos cuando llegaste y mezclaste todo, pagué la cuenta, contigo insistiendo que luego cancelarías. Encaminamos con las bolsas, yo con cierto recelo, ya que vestiduras de ladrón no llevaba.
Debía ir al taxi y tu sin sencillo, - ¿Un café? - Para obtener algo de cambio. - Esta bien.
Café Le' Andru. Exquisito, pero debía partir luego.
Te entregué tus bolsas, ofreciendo llevarme en tu auto, pero preferí que no, en ese momento, me entregaste la caja de chocolates y me robaste una de mis tarjetas de presentación, al sacar mi billetera para guardar el cambio.
- Laura?
- Sí
- Y tú?
- Mmmm.. Tomás
- bonito nombre
- En eso se parece a ti entonces.

Coqueto eras, lo suficiente para no pasar a ser un galán repulsivo, o ser un tímido empedernido.
Me despedí, pensando que lindo fue esto, hasta que al llegar el taxi a mi hogar, vi que estacionabas tu coche, llegando con una margarita en la mano y una invitación a conocernos en algún lado.

Nos conocimos, fuimos, y estamos, juntos.
Te amo
Laura.




Bárbara



viernes, marzo 09, 2007

- esto acabaría


La cuesta estaba demasiado empinada, o mis ánimos demasiado
escaso. Sea como sea, terminamos.
Yo seguía ilusionada con la loca idea de un retorno en nuestra relación, que ese tiempo que nos dimos, se tranformara en ti, en más amor para mi.
Llegué a tu departamento, luego de bajar el cerro, era tarde, pero partí a tu llamado, pensando lo mejor. Pensando que como siempre, abrirías tal puerta con un abrazo y un beso de los largos. En vez de aquello, obtuve una mirada de tristeza y aproblemada, intuición femenina la llaman, pues bien, quizé dar media vuelta y volver a mi cama perder la mirada en nuestra última fotografía desbordante de amor.
Si aquella fue hace 2 meses, nuestros problemas comenzaron desde aquella fecha.
Yo pensando un nuevo te amo cada día, y tu pensando una mejor forma de decirme esto acabaría.
Deberé afrontar, que cada cosa finaliza y nosotros, como muchas parejas, terminaremos, y como muchos finales, uno de los dos, queda perdido en un amor inencontrable.
Creo que estoy un poco loca, quizá la razón es porque es la primera vez que quiero de verás, han pasado sus buenos años desde que nací, pero
mi corazón aún no maduraba.
Decir adiós, que te vaya bien, dar media vuelta, tomar un pañuelo y partir a casa, con cabeza gacha y el corazón en la cartera.





Bárbara

viernes, febrero 16, 2007

lo anhelo


La lluvia heló mi mano, en aquella pequeña distancia de la bótica a casa, ahí asimilé cuanto te extrañaba, eras tú el que la calentaba cada vez que tenía frío, él que se la aferraba como si fuera la última vez. Fuerte fue la noticia, como no iba a serlo, si te amaba como nunca, si te amaba como a nadie, mi reacción fue un shock.
La lluvia me ayudó a ver la realidad, un mes demoré. Y ahora es cuando mi corazón está destrozado, ni siquiera tengo el consuelo de un desdén, sabiendo que cuando quiera te puedo ir a ver, divisar por lo menos. Mi única forma de cariño son flores, tulipanes, clásicos amarillos, solías decir, clásicos, como clásico hombre soy yo , y maravillosa eres tú.
Hombres hay muchos,pero como mi extraterrestre hermoso, sólo uno, eramos los dos, más que dos, llenabamos espacios. Lástima que hoy solo parezca un ánima, y mi anhelo ya no sea formar una bella familia, sino ser tu compañera de tumba.
No sabes cuan sola me dejaste, eramos dos, y no uno más uno, eramos dos, sin división.
Te amo.

Y como dice una de las tantas canciones, te amo , más allá de la muerte.





Bárbara




viernes, febrero 02, 2007

te dije, y me dijiste


Culpable, culpable, muy culpable. Lo reconozco, era el sueño de cualquier mujer, y yo lo heché todo a perder. Hice lo que nunca quise, botarte una lágrima.
Te lo advertí, era una sujeta peligrosa en relaciones amorosas. Te dije que era cambiante, y muchas veces depresiva. Pero te enamoré, me lo repetías cuantiosamente.
Yo te amaba, tu a mí, lo intentamos, pero el tiempo pasó, y ocurrió lo que siempre me ocurre. Por qué no te lo grité mil veces!
Ahora estoy embargada en esta pena, de darme cuenta, que no sirvo para amarte, que no puedo . ¡Te dije! ¡Te dije que yo no me enamoraba
!. ¿Y ahora qué hago? ¿Me suicido?
Soy asquerosa, ya lo sé.

El tiempo pasó, solíamos toparnos en algún pub, o en la plazita de la ciudad. Un breve saludo, tu llevabas tu vida y yo la mía.
Cambiaste en este corto tiempo, eh. Y yo también.

Pero luego, sin hora, ni lugar, ni ser conciente de aquello, me reenamoré, pero está vez de verdad. Tomé lápiz y papel, estaba decidida. Aunque nunca tanto para tener la valentía de decírtelo a la cara, pronunciar ese te amo.
Una linda carta, palabras sutiles, y tiernas, tal como tú.
Encaminé con dirección al departamente que arrendabas en la callecita de san lucas. Toqué el timbre y nadie abría, puesto que conocía la puerta mala de la cocina, me dirigí a ella, al girar la manilla, ya no estabas. Habías partido.
Lloré dentro, creo que fueron cinco horas , y luego me quedé dormida con los ojos hinchados.
Al día siguiente, me despertaste, habías vuelto por una caja olvidada en el segundo piso, mi sonrisa bosquejada nunca fue tan grande, como la de aquel momento. Nerviosamente te entregué la carta, la abriste, y me miraste con una cara triste, diciendo un "ya es tarde, ahora soy yo, el que no sirve para amarte".



Me lo merecía.










Bárbara

lunes, enero 29, 2007

1001



Hola, me venía a despedir, ya compré pasajes y, ya sabes, mi destino es lejano. Lo siento, pero no diré rumbo, prefiero reservarlo, es un proceso largo, ¿no?, y sólo estoy comenzando.
Toma, ten, es la tortuga que me regalaste al año, paso de ser un simple recuerdo, a una carga emocional . Creo que en eso, se parece a ti.
Me miraste a los ojos, y como en una película romántica cualquiera, proliferaste un quedate conmigo, prometo cambiar aseveraste.
Cuántas veces escuché tus promesas, creo que fueron 1001, y creeme, solo 1000 veces volví a caer en ti.
Conversabamos tranquilamente, y llegó ella, te miré con una cara apenada, y partí , me seguiste diciendome a cada segundo, que pasó a ser no más que una amiga, y ningún título más.
Nunca te escuché tan cursi como esa noche.

Han pasado. ¿cuánto?, tres años, tres largos años. Volví, con el corazón sanado a piedrazos. Y ahí te vi, me esperabas en la puerta, no se quien te aviso, parado con una rosa en la mano. (Con una nota de mi madre afirmando tu fidelidad).

Lo siento, corazón, está será la última vez, espero.

1001



Bárbara

domingo, enero 21, 2007

no insistas.



Hoy amaneciste confudido, tenemos que hablar, esta bien, estaba sorprendida. Pero sabía que no debía ilusionarme, que sabio fue aquello, porque como lo supuse, no llegaste. Pero ya tengo un confortante macetero, era y fue por última vez una costumbre.
Al igual que costumbre fue quererte, creo que he encontrado la canción exacta. te cantaría el trozo que me fascina.
"tenías que fallarme así, no es fácil hacerme sufrir , pero vos tenías las llaves de la ventana". Te entregué mi corazón, inocentemente creyendo que sería para siempre, teníamos el cielo. no?.
Creer en cuentos de hadas, dejo de ser algo cierto para mi. Primero uno y ahora tú.
Y luego preguntan porque no suelo sonreír. No todos tienen igual suerte.
Me dices un lo siento, de verdad quiero intentarlo denuevo. Claro, como si yo no me agotará , creeme, es mi corazón el que pide un por favor, vete. Esto ya acabó, de la peor forma de seguro.
Tan solo mírame al caminar por la calle, pasos lentos, cabeza gacha, estoy triste, mejor es un adios

Te estimo, pero quererte, ya pasó.



Bárbara




viernes, enero 19, 2007

tango final


Me siento extraña, no soy la de ayer, me pasa a menudo, para ser exacta desde que me olvidaste. "Borrón y cuenta nueva", así dices en cierta forma cuando te preguntan por mi, ojalá pudiera yo decir lo mismo. Eres una espina rebelde, si bajará un hada, y mi concediera un sólo deseo, no serían mil deseos, para lograr ser feliz, serían uno, que es olvidarte, porque para que sepas, equivale a lo mismo.
Te dejo algo claro, yo no te recuerdo durante el día, siendo sincera, nunca te vas de mi pensar.
Con lágrimas en los ojos me voltie sin mirar atrás, caminé y caminé, creo que nunca se me hizieron tan largas aquellas cuadras. Despues de bailar el último tango creo que desaparecimos como constelación, aquel big bang entre nosotros, ahora, un tú y un yo. Te ven caminar de la mano con otra, tierna y dulcemente, quizá hasta más feliz de cuando estabas conmigo. Eso duele, tanto como tu indiferencia.

Mirarte a los ojos me estremece,
devolverte un abrazo
me es imposible.

Somos una sombra de lo que fuimos.
Y está cinta, no va a rebobinar.









Bárbara




sábado, enero 06, 2007

Un viaje en altamar, así podría definir nuestra relación, bien, si es que existiera aún.
Inumerables fueron las veces que partiste al timón, dejándome sentada junto al bar con la palabra en la boca, oportunas eran tus complicaciones de marea.
Pero no podía faltar el día en que te aburrieras de esto, y quisieras en cierta forma alimentar a los peces.
La rutina nos mató, solías repetir varias veces. Tú hiziste que la rutina nos dejará así, porque sinceramente no fue eso, fue que simplemente se acabó el amor por tu parte.



Mañana escribo más.

hoy estoy demasiado emocionada.
estoy dentro.


a dormir





Bárbara

jueves, enero 04, 2007

Sin chaqueta


Tengo ganas de jalar o embriagar. Maldita existencia. Los filosofos hablan de altibajos, a la hora de aplicar, no hay nadie.
Ante un obstáculo, más sirve un corazón tranquilo que un libro recien editado. Decir que el ser humano es solo átomos y moléculas, es como decir que las obras de shakespeare no son más que palabras y letras, como bien dicen.
Será mi complejidad de ser humano o mi inestabilidad acrecentada por ti la que me tiene así.

Mejor narrar.
Claro, tenías frío, te llevaste la chaqueta que me cubría del viento insoslayable, pensé que era para vos, pero en realidad, querías compartir tu aroma con tu dulce amiga.
Ahí fue cuando comenzó el quiebre, lo recuerdas, yo aún lo recuerdo. Quizá demasiado.
Por algo fui al supermercado y la cajera me observo con cara extraña, todo por llevar 21 pañuelos, y sólo eso, mentí con un, familia engripada, no tenía ganas de iniciar una plática que para mi no era nada, mas para ella sumo "copuchenteo".
He releido tus cartas, de cuando eramos nosotros, cuando yo estaba feliz y tambien tú. Por qué mientes tan bien, ahora no parezco importarte. Todavía no puedo mirar a tus ojos o si quiera acercarme.

El tiempo cura todo, dicen que de amor ya no se muere.
Y por vos menos.

Eso creo



Bárbara

miércoles, enero 03, 2007

libro perdido

Mírame, soy la misma chica educada que conociste tiempo atrás. La misma con temores y ganas de bosquejarte una sonrisa dentro de tu seriedad.
Tú y yo , yo y tú, hemos cambiado eh. Acostumbrabamos dejar vacía la botella mirando la tv. Ahora tú acostumbras y yo acostumbro. Porque ya no lo hacemos juntos .
Nos alejamos sin saberlo, nuestras vidas quizá tenías un destino supeditado desde antes que nadie nos aviso, seguímos la estela equivocada.
La botella tiene un gusto distinto cuando se bebe en soledad, debo advertir, que ahora, son más que antes, trato de ahogar las penas, ves. No tengo mi libro abierto dispuesto a escribir, y sobreescribir mis miedos actuales.
Sabes,
te extraño, de una manera especial.
Pero a esta canción, se le acabaron las pilas, no son recargables.
Dejo de sonar.


Bárbara

martes, enero 02, 2007

¿volverás?

Aún tengo mi ropa mojada amotinada en una esquina de la habitación.
No he podido hacer nada desde que partiste de repente, sin saber que tenía la cara empapada, y sabes, no era a causa de la lluvía.
Tengo algo que contarte, he aprendido a utilizar la botellita de cristal que me obsequiaron, claro, aprendí, pero no la ocupo. A mi, no me sirve.
Hago por las tardes nudos con mi pelo, tratando de pensar en otra cosa, distraerme, aunque sea brevemente.
Quizá estoy un poco loca, pero una vez, hace algun tiempo, leí un proverbio que decía que "La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca"
Claro, yo no me he vuelto sabia, pero eso decía la frase.

Fue ayer, cuando prendí la computadora y tenía un mensaje tuyo, que apenas decía un lo siento, sigo con el alma en un hilo, tratando de pensar que en la red se perdió el volveré.
Partiste inquieto, no se si me engañabas, pero si sabía que ya no me querías.
Tengo ganas de dormirme, y dejar de respirar.
¿Sabes por qué no lo hago? Por si se perdió tu volveré .



Bárbara



lunes, enero 01, 2007

cinta adhesiva


el otro día, cuando tu estabas a la vuelta de la calle, yo me refugiaba entre unos pequeños arboles para llorar, y trataba de rehusar el pañuelo gastado para secar mis lágrimas, cada vez más abundantes.
sabes, me dejaste triste, no fueron tus palabras, fueron tus hechos, solías decirme un te quiero, y solías demostrarme indiferencia.
En un principio traté de distraerme, creer que era algo pasajero, una volada corta.
Hoy me tienes triste, pensando en todo el cariño que te tomé, y que tu último abrazo no lo pude responder, porque me tenias roto el corazón, en mil pedazos , como si fuera una novela cualquiera.
Sólo quiero no volver a cruzar palabras contigo, porque me hace mal, me haces mal.

Al parecer son etapas, y la nuestra ya pasó
Y sabes, aunque nunca lo sepas, me cansé de intentarlo, mas no me cansé yo, se agotó mi corazón.

No llores porque acabó , sonríe porque sucedió?
No se aplica

Y no hablo de amor de pareja. no es una novela cualquiera.



Bárbara